Feminicidios y otros asesinatos de mujeres en España durante la cuarentena por COVID-19

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Análisis y redacción: Nerea Novo
Edición: Graciela Atencio

La cuarentena por COVID-19 en España ha concluido con ocho víctimas mortales: ocho mujeres asesinadas por hombres en las casi siete semanas de confinamiento. Analizamos aquí los datos de estas ocho víctimas y comparamos con las estadísticas recogidas en nuestra base de datos, Geo.feminicidio.net, durante los últimos diez años.

Durante el período de cuarentena por COVID-19 en España se conocieron ocho casos de mujeres asesinadas por hombres. Desde el 14 de marzo al 28 de abril, día de la aprobación por parte del gobierno del Plan de Transición haca una Nueva Normalidad, se han identificado casos de, al menos, cuatro tipos distintos de feminicidio o asesinato. En este contexto, diversas expertas han alertado de que el descenso en el número de denuncias por la imposibilidad de presentarlas físicamente, no implica un descenso de la violencia durante el confinamiento, especialmente entre las víctimas que comparten vivienda con sus agresores.

En situación de emergencia sanitaria y con el poco margen de maniobra que otorgó el virus, el sistema de prevención se vio puesto a prueba y las infraestructuras de denuncia y atención registraron tendencias al alza en su actividad. En el caso del Teléfono 016, número de Información y Asesoramiento Jurídico en Materia de Violencia de Género, el número de llamadas ha registrado un pico histórico solo superado una vez desde 2007. En el mes de abril de este año, en plena cuarentena, las llamadas al 016 alcanzaron las 8.692, una cifra solo superior en agosto de 2016, con 9.916 llamadas, cuando se conocieron el menor número de mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas, según las cifras oficiales (49 víctimas mortales).

En el pico de esta violencia, como manifestación más extrema, se sitúa el feminicidio, el asesinato de mujeres por el hecho de ser mujeres. Desde 2010, en Feminicidio.net hemos documentado 1.126 mujeres asesinadas en España, dentro y fuera del marco de la pareja o expareja. Con estas estadísticas, que ya suman diez años, hemos realizado este análisis del número y tipo de feminicidios y otros asesinatos de mujeres registrados en España durante la cuarentena por COVID-19.

No hay más feminicidios íntimos, pero sí de otros tipos

En total, durante la cuarentena por COVID-19 en España, se han conocido ocho víctimas de feminicidios y otros asesinatos de mujeres a manos de hombres: dos mujeres fueron asesinadas por sus parejas; otras tres, a manos de sus hijos; una fue víctima de un varón con el que convivía (inquilino) y las dos restantes fueron asesinadas por victimarios que aún no se han identificado.

En base a estas relaciones, y a falta de conocer más detalles de los últimos tres casos, la distribución por tipos de feminicidios es la siguiente:

  • Las mujeres asesinadas por sus parejas fueron clasificadas como víctimas de dos feminicidios íntimos, que suponen el 25% de los casos conocidos durante la cuarentena. En relación al número de casos registrados en las mismas fechas durante años pasados, supone un porcentaje excepcionalmente bajo. De hecho, en línea con las estadísticas medias de la base de datos, el 53,2% de los casos conocidos del 14 de marzo al 28 de abril durante los últimos diez años fueron feminicidios íntimos (un 28,2% más que durante la cuarentena), perpetrados por parejas o ex-parejas de las víctimas (75 casos).
  • Las mujeres asesinadas por sus hijos fueron clasificadas como víctimas de tres feminicidios familiares, el 37,5% de los casos registrados durante el confinamiento. En la media conocida desde 2010, las mujeres asesinadas por miembros de su familia suponen el 12,8% de los casos (un 24,7% menos que durante la cuarentena), con un total de 18 víctimas.
  • La mujer asesinada por un hombre con el que convivía pero con el que, al parecer, no tenía más relación, ha sido clasificada como víctima de un feminicidio no íntimo, que supone el 12,5% de los casos conocidos durante la cuarentena, que desde 2010 alcanzan un 7,6% del total de casos conocidos, con 87 víctimas.
  • El resto de víctimas fueron registradas en dos feminicidios/asesinatos sin datos suficientes, un 20% de los ocho casos conocidos durante la cuarentena. Es el tipo que más se aleja de la media establecida desde 2010, con un 5% de los 141 casos (siete víctimas), un 15% menos que durante el confinamiento[1].

Para alcanzar esta clasificación, la metodología de la base de datos recoge campos fundamentales como la relación del victimario con la víctima, la violencia sexual entre los actos violentos perpetrados contra la víctima, los motivos o circunstancias del victimario para cometer el crimen, la edad de la víctima o su ocupación, entre otros factores.

En el caso de la relación del victimario con la víctima durante la cuarentena, la más común es la de hijo, con tres de los ocho casos (el 37,5%), clasificados todos como feminicidios familiares.

Le siguen, con dos casos, dos tipos de relación (el 25%, respectivamente): por un lado, los victimarios sin identificar, autores de dos de los feminicidios/asesinatos sin datos suficientes; por otro lado, otros dos victimarios eran las parejas actuales de las víctimas, autores de feminicidios íntimos: uno de ellos, pareja y otro, marido de la víctima.

Finalmente, el 12,5% restante corresponde a un caso perpetrado por un inquilino de la víctima, registrada en uno de los dos feminicidios/asesinatos sin datos suficientes conocidos.

Antecedentes de violencia previa en los feminicidios conocidos durante el confinamiento

Otro de los factores alarmantes entre los datos recogidos en la base de datos durante el confinamiento por COVID-19 es la denuncia previa de las víctimas contra sus victimarios. Mientras que la media recogida desde 2010 en las mismas fechas sitúa la media de la denuncia en solo el 7,8% de los casos (once de los 141), durante la cuarentena ascendió al 25% de los casos. Dos de las ocho mujeres asesinadas durante la cuarentena había denunciado previamente a su victimario.

Por un lado, aunque se desconocen más detalles del caso, la Guardia Civil confirmó la existencia de “antecedentes por violencia” contra la víctima en el caso de una mujer de 90 años asesinada en Pozoblanco a manos de su hijo, víctima de un feminicidio familiar. Por otro lado, la víctima del feminicidio íntimo conocido en Muelle Grande (Las Palmas de Gran Canaria) no llegó a denunciar, pero la Delegación del Gobierno indicó que constaban al menos dos actuaciones previas por violencia de género, la última en 2019. Al no querer la víctima presentar denuncia, se cerró el procedimiento sin acordar ninguna medida preventiva.

Ambas convivían con sus agresores durante la cuarentena por COVID-19.

Cuando la vivienda familiar no invita a decir #YoMeQuedoEnCasa

Otro de los factores fundamentales durante este confinamiento, y cuyas consecuencias directas en las víctimas están aún por determinar, es la convivencia forzada con sus agresores. No solo el número de denuncias se redujo, al tiempo que aumentaban las llamadas el Teléfono 016: el porcentaje de mujeres asesinadas en la vivienda familiar se disparó durante la cuarentena hasta el 75% de los casos. Esto supone un 37,4% más que la media establecida desde 2010 durante estos mismos días: el 37,6% de las mujeres habían sido asesinadas en la vivienda familiar.

Seis de las mujeres asesinadas en estas fechas fueron víctimas de sus agresores en la misma casa en la que vivían ambos: tres de ellas, a manos de sus hijos; dos, a manos de sus parejas actuales; y una última, a manos de un inquilino o compañero de piso.

Las otras dos mujeres, asesinadas por victimarios aún sin identificar, lo fueron en la vivienda de la víctima. Este porcentaje se sitúa muy cercano a la media desde 2010, en la que el 25,5% de los casos fueron asesinadas en su propia casa.

La importancia de documentar para prevenir feminicidios y salvar vidas

El análisis individual y cualitativo de estos casos, bajo el marco de análisis del feminicidio como concepto, categoría y paradigma, permite clasificarlos en tipos de feminicidio y analizar las violencias específicas que los caracterizan. Solo de esta manera se pueden diseñar políticas públicas de prevención y sensibilización realmente eficientes. Solo documentando todos los feminicidios y asesinatos de mujeres se pueden identificar tendencias y características fundamentales para su prevención. Y el objetivo principal de la legislación en este sentido no debe recaer en un sesgo punitivista, sino preventivo. Por eso, de poco sirve aumentar las condenas a feminicidas y violadores si las políticas púbicas de prevención y sensibilización y los recursos de atención a víctimas no cubren todas las necesidades específicas. Y es que, en definitiva, desde las instituciones no se puede afrontar ni prevenir de la misma manera casos tan dispares como el de Laura Luelmo o Diana Quer (asesinadas en contextos de violencia sexual perpetrada por desconocidos) con casos como los que desde hace años forman parte de las cifras oficiales (muchos de ellos, de mujeres que llevaban años sufriendo malos tratos por parte de su victimario).

De esta manera, solo con la documentación de todos los asesinatos de mujeres a manos de hombres en España hemos identificado en los últimos años un aumento preocupante de los feminicidios familiares perpetrados por los hijos de las víctimas.

  • Los feminicidios familiares conocidos desde 2010 suponen el 15% de la base de datos (169 de los 1124 casos). Sin embargo, este porcentaje es mucho mayor en los últimos años: en 2018, con 21 víctimas aportaron el 21,4% de la base de datos de ese año (con 98 víctimas); y en 2019, con 99 víctimas conocidas, las 20 víctimas de feminicidios familiares supusieron el 20,2% de la base de datos. Esto significa que una de cada cinco mujeres en España es asesinada por un familiar.
  • De estas 169 víctimas de feminicidios familiares, más de la mitad fueron asesinadas por sus propios hijos (101 casos, el 59,8%). Este porcentaje también ha venido aumentando en los últimos años: en 2018 fueron el 80,95% de los casos (17 de 21 víctimas) y en lo que llevamos de 2020 ya alcanza el 88,9% (ocho de los nueve casos).
  • De esta manera, los ocho feminicidios familiares de mujeres asesinadas por sus hijos en lo que llevamos de 2020 ya superan por tres las cifras de todo el año 2010, en el que solo se registraron cinco mujeres asesinadas por sus hijos.

Este aumento no es casual y se reproduce durante el período de confinamiento por COVID-19, el asesinato de mujeres a manos de sus hijos supone un 37,5% de los ocho casos y el 100% de los feminicidios familiares.

 

Cuando el análisis de estos casos en particular se profundiza sabemos que dos de los tres autores sufrían lo que, en los motivos y circunstancias del victimario, clasificamos como “trastorno psicológico o psiquiátrico desatendido”, pero desatendido ¿por quién?

En el Sistema Nacional de Salud de España -que también engloba a la cobertura sanitaria pública de las Comunidades Autónomas- deben incorporarse protocolos e indicadores que permitan detectar riesgos y prevenir la violencia contra las mujeres en todos los ámbitos específicos, incluido el ámbito doméstico (y volcarse estos datos en las estadísticas), ya que un porcentaje elevado de mujeres padece la violencia a manos de otros hombres fuera de la relación de pareja: hijos, padres, nietos, yernos y otros familiares consanguíneos o políticos. En este contexto también se debe tener en cuenta el estigma que sufren las personas con trastornos mentales y su invisibilidad: las mujeres víctimas de violencia, especialmente aquellas a cargo de un hijo adulto con trastornos psicológicos, sufren una vulnerabilidad mayor por el aislamiento, falta de detección y seguimiento del trastorno mental de su vástago. En estos casos también falla el entorno más cercano de las víctimas, tanto en la denuncia como en la detección del riesgo. Hay que tener en cuenta los roles estereotipados de hombres y mujeres de la familia, que sitúan a las mujeres en un papel de subordinación con respecto a los varones de la casa (también sus hijos), y la brecha de cuidados que hace que, en estas situaciones, sean las madres las que acojan y cuiden de sus hijos, desatendidos por las instituciones y/o sin recursos para el seguimiento de su estado de salud física y mental.

De los 93 casos que se conocieron desde 2010 con trastornos psicológicos o psiquiátricos (el 8,3% de los casos) el porcentaje se disparó al 25% durante la cuarentena en 2020.

Es, entre los feminicidios familiares, el motivo o circunstancia más común (el 26,6% de los 169 feminicidios conocidos desde 2010) y aún mayor entre los feminicidios familiares perpetrados por los hijos: 37 de los 101 casos (el 37,6%).

El reconocimiento de las características específicas de este tipo de crímenes en la legislación y, bajo el paraguas del Convenio de Estambul, la incorporación de medidas preventivas de atención a víctimas, con recursos y presupuesto suficientes puede realmente salvar vidas. Unas medidas de prevención ajustadas a estas características, junto a la aplicación de la perspectiva feminista en políticas de otros Ministerios, como la educación o sanidad públicas, son fundamentales para la construcción de una vida libre de violencia contra las mujeres y especialmente centrales en una sociedad democrática en plena reconstrucción post-pandémica.

Y es que las cifras de feminicidios íntimos, perpetrados en el marco de la pareja o expareja y reconocidos oficialmente como casos de violencia de género desde 2003, sí experimentan un claro descenso en los últimos años, como consecuencia, entre varios factores, de la implementación de políticas públicas y recursos específicos para estas víctimas y sus hijos menores (reconocidos oficialmente desde 2013).

En 2003 las cifras oficiales se estrenaron con el registro de 71 víctimas mortales. La cifra osciló entorno a las 70 víctimas hasta 2010, con un máximo histórico en 2008 con 78 mujeres asesinadas. Desde entonces, la cifra de víctimas mortales se ha venido reduciendo hasta acercarse a los 50 registros anuales: 49 en 2016 (mínimo histórico), 50 en 2017, 54 en 2019 y 55 en 2019. A pesar de la tendencia al alza en estos años, la reducción con respecto al inicio del recuento es del 39% (de 71 a 55 casos).

La pandemia feminicida tras la cuarentena por COVID-19

El 25 de noviembre de 2016, en el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, Naciones Unidas aseguraba en un reportaje que “al menos una de cada tres mujeres ha sufrido en algún momento de su vida violencia física o sexual, principalmente por parte de su pareja. Esto lo convierte en una pandemia mundial”, apuntaban.

Lo cierto es que el asesinato de mujeres y niñas por razón de su sexo lleva siendo una pandemia desde antes de que las estadísticas de violencia comenzaran a registrarse. El brote de COVID-19 y la cuarentena impuesta para controlarlo no ha acabado en absoluto con la pandemia feminicida.

En el caso de España, tras la cuarentena por COVID-19 levantada el 28 de abril, hemos conocido 23 mujeres asesinadas en menos de cuatro meses (5,75 al mes). El dato, alejado de la media establecida desde 2010 en nueve mujeres asesinadas al mes, sigue siendo preocupante en un año con los traslados, servicios y actividades restringidas, con respecto a años anteriores. Con un mes de junio inusualmente bajo en el número de casos (tres víctimas), los datos de julio y agosto se acercan más a la media (ocho y siete víctimas, respectivamente) y dibujan una tendencia al alza que recuperaría niveles previos a la cuarentena.

Por tipos de feminicidio, los 23 casos se distribuyen de la siguiente manera:

  • Un 47,8% son feminicidios íntimos (once casos) que, aunque mayoritarios, suponen un 8,4% menos que el que se ha registrado en la media desde 2010 (un 56,2% son feminicidios íntimos).
  • Otro 39,1% de los casos son feminicidios familiares (nueve víctimas), que duplican la media conocida desde 2010 (el 15,4% de los casos) con un 23,7% más de casos en estos casi cuatro meses.
  • El tercer tipo más común es el feminicidio/asesinato sin datos suficientes, con dos casos que suponen el 8,7% de los 23 conocidos, un 5% más que la media desde 2010 (3,7%).
  • Por último, se conoció un caso de feminicidio no íntimo, que supone el 4,3% del total, un 3,3% menos que la media desde 2020 (el 7,7%).

La relación entre víctimas y victimarios refleja también la tendencia al alza en el número de feminicidios familiares perpetrados por los hijos de las víctimas, que llevamos meses identificando. De esta manera, la relación de hijo es la más común entre las 23 víctimas conocidas tras la cuarentena por COVID-19. Siete de los ocho feminicidios familiares fueron perpetrados por los hijos de las víctimas, que suponen el 30,4% de los casos conocidos, casi uno de cada tres.

Le siguen, en concordancia con los tipos de feminicidio, las parejas actuales de las víctimas: un 21,7% eran los maridos (cinco casos) y otro 17,4% eran las parejas de las víctimas (cuatro casos). Junto a los dos perpetrados por las exparejas de las víctimas (el 8,7%), suman los once feminicidios íntimos conocidos.

Además, se conocen otras cuatro relaciones más: una mujer fue asesinada por el hombre al que cuidaba desde hacía cinco años, otra por su yerno, otra fue asesinada por el hijo menor de su pareja y en los otros dos casos se desconoce la relación entre víctima y victimario (uno de ellos ya ha sido detenido y el otro aún está sin identificar). En el primer caso, se ha clasificado el caso como feminicidio no íntimo, los dos siguientes (yerno e hijastro) son feminicidios familiares y los otros dos son casos de feminicidios/asesinatos sin datos suficientes.

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