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Un amor que sobrevivió a los campos de concentración

El golpe de Estado militar franquista desató la guerra de 1936 que provocó el exilio de más de medio millón de republicanos, estos huyeron más allá de los Pirineos y al Norte de África. Años después, el régimen nazi invadió parte de Francia y, como reacción, el gobierno galo llamó a filas a su población y a las personas republicanas que se habían refugiado en Francia. El nazismo exterminó a 10.000 españoles, sólo en Mauthausen asesinó a 7.000. Elsa Osaba relata cómo su madre y su padre se enamoraron en medio de la guerra y sobrevivieron a las bombas de la aviación fascista, los campos de concentración, la represión y la pobreza

Ana Viqueira - Feminicidio.net - 15/09/2014

España, Galicia - Las personas que protagonizan la historia no siempre son las que la narran. Elsa Osaba forma parte de un engranaje antifascista. Su familia sufrió el exilio junto a medio millón de personas que defendían la elección democrática de la República española. Su madre y su padre se conocieron, por casualidad, en un campo de concentración en Francia y, entre la barbarie, fueron capaces de tejer un hilo de amor alrededor de ellos. Su tío materno, Francisco Bailo, recluido en Mauthausen, fue testigo del asesinato de más de 7.000 españoles. Él fue uno de los 3.000 supervivientes. Pascual, hermano de Francisco, luchó en el ejército francés contra los nazis lo que supuso que, después, el gobierno galo lo condecorase. El más pequeño de los tíos maternos de Elsa Osaba, José Bailo, luchó en la resistencia después de 1945 pero murió sin poder presenciar la caída de Francisco Franco. Ésta es una de las historias que todavía no aparecen en libros de texto en las escuelas, ni se plasma en discursos oficiales del Estado pues los criminales no han sido juzgados y quiénes han protagonizado la Retirada -y la resistencia- aún no han adquirido su lugar en la memoria oficial del pueblo.

 

Manuel Osaba

Manuel Osaba -el primero por la izquierda- en campo de concentración, Francia

 

 

DIARIO DE CÓMO EL FASCISMO NUNCA PUDO EXTERMINAR EL AMOR

Sus ojos miran hacia el sol mientras -insiste en que sea así- su cuerpo se sienta a la sombra. Su brazo reposa en la mesa sobre un artículo que narra los nuevos caminos de la Querella Argentina que lucha por juzgar a los criminales del franquismo y en la que ella participa. Mientras una multitud de personas cruzan la Puerta del Sol, la voz calmada de Elsa Osaba, potaje de acento castellano y galo, va relatando una historia cuyos fragmentos son unidos como un rompecabezas...

 

- ¿Tus padres se conocieron cuando estaban destinados en una campo de trabajo en Francia?

 - Ambos fueron víctimas de trabajo esclavo o, como le decían en Francia, de Compañías de Trabajadores Extranjeros. Trabajaban a cambio de techo y comida, sólo al final pagaron quedando esto último a voluntad de los patronos. Huían del levantamiento militar franquista. El exilio es una fuerza tan violenta... Te arranca de todo lo que te sostiene y rodea.

 

Elsa introduce pequeñas pausas en su relato. Como si moldease la pronunciación de cada palabra, relata con lentitud cómo su familia fue acosada, perseguida y torturada por las diversas autoridades fascistas. La violencia llamó a la puerta de su casa, y de muchas otras, con el golpe militar de Francisco Franco.

 

LA RETIRADA: FELISA BAILO Y MANUEL OSABA

Julio, 1936

El alzamiento militar a las órdenes de Francisco Franco se extiende desde Marruecos a la Península. Entre dudas y exasperaciones, el gobierno de la II República entrega armas al pueblo que comienza a organizarse en milicias contra las tropas rebeldes. El golpe triunfa ya en Galicia, León y partes de Andalucía y los militares rebeldes obtienen ayuda militar de los dirigentes fascistas Hitler y Mussolini.

 

La agitación del golpe coge a la madre de Elsa, Felisa Bailo, viviendo en su pueblo natal, Leciñena, situado a 25 kilómetros de Zaragoza. Mientras, a cientos de kilómetros, su padre, Manuel Osaba, hacía su vida en Ampuero, un pueblo de Cantabria.

 

"VIOLABAN HASTA A LAS EMBARAZADAS"

12 de octubre, 1936 – Leciñena (Zaragoza)

Las tropas franquistas llegan al pueblo de Leciñena. “Mi madre Felisa, con 16 años, su hermano pequeño José, de 10, y mi abuela Justa Mata Murillo -viuda con cuatro hijos- huyen de noche con lo puesto”. Descalzas y con el camisón como única vestimenta, se esconden en la sierra de Alcubierre al igual que el resto de los habitantes del pueblo. “Se ensañaron con las mujeres. No importaba si estaban embarazadas para violarlas, arrastrarlas y matarlas. Mi madre recuerda a una prima lejana que, en esas condiciones, la tiraron a un pozo cuando todavía estaba viva.” En pleno Día del Pilar, los vecinos se desplazan al pueblo de Robles y, días más tarde, son evacuados por milicianos a Tárrega.

 

La familia de Elsa Osaba huye de los bombardeos y llega a Barcelona buscando refugio. “Mi madre siempre evoca la solidaridad de los catalanes y su generosidad. Fueron acogidas por una familia y más tarde les ceden y comparten temporalmente un piso. También le dan a mi madre trabajo en una fábrica textil”.

 

Primaveras de 1937 y 1938

Las tropas de Mussolini se suman a las franquistas en la batalla en Guadalajara. Se lanzan fuertes ataques aéreos en el norte. Guernica es destruida por la Legión Cóndor alemana. Al llegar el invierno, Japón reconoce oficialmente a Franco. En la primavera del 38, la aviación franquista bombardea Barcelona. Las tropas rebeldes llegan al Mediterráneo y atacan Valencia. Portugal reconoce el gobierno de Franco. Con la llegada del verano, el Comité de No Intervención aprueba el plan para la retirada de las Brigadas Internacionales. Comienza la batalla del Ebro.

 

El pelo de Elsa brilla con la luz de la seis de la tarde en la Puerta de Sol. Al narrar la batalla del Ebro, su cara refleja la amargura con la que la vivió su padre, como si lo pudiéramos ver a él través de sus ojos. Manuel Osaba había sido reclutado tras cumplir su servicio militar, él era “uno de los mejores artilleros que formaron parte del ejército de la República”. De este modo, se convirtió en sargento del Tercer grupo de obuses 105 Krupp de artillería. Su nombramiento de teniente no llegó a tiempo en el final de la Guerra. Al perder esta batalla, tiene que replegarse a Cataluña lo que le causa una gran frustración. Tras los intensos bombardeos de Barcelona, se dirige hacia la frontera, dónde, junto a su grupo, protegieron a la población civil. Cerró frontera entregando las armas. “Juró no volver usarlas”.

 

TRAS LOS PIRINEOS LES ESPERABAN LOS CAMPOS DE CONCENTRACIÓN FRANCESES

Invierno, 1938

Mujeres Libres solicita sin éxito que se le reconozca como figura oficial del movimiento libertario. Las tropas de Franco atacan toda Cataluña. La Retirada se emprende después de la marcha de los brigadistas en noviembre de 1938.

 

La madre y abuela materna de Elsa y su tío José, de apenas 13 años, dejaron atrás Tárrega para emprender la Retirada. El mismo camino que recorrerá su padre con los sobrevivientes derrotados de la Batalla del Ebro.

"Durante años soporté sus continuos relatos sobre ello a la hora de comer. Entonces no prestaba atención. ¡Cuánto lamento ahora no haber transcrito aquello! No me di cuenta de que sus recuerdos transmitían el trauma del vencido, el idealista libertario, perseguidor de la justicia, soñador de un mundo sin desigualdades y que sufre por no haberlas conseguido... Los valores de la República de la que fue fiel ciudadano", relata Elsa.

Manuel Osaba, al igual que miles de soldados españoles, es conducido al campo de concentración francés Saint-Cyprien.

 

Enero, 1939

La Retirada se masifica. “Quisieron repatriarlos en tren hacia España, de vuelta a los brazos de Franco. Se tiraron en marcha”. Al llegar los agrupan en el campo de concentración de Argélès sur Mer: alambradas, con el cielo por techo y junto al mar, en pleno duro invierno. En este campo estuvieron 15 meses entre “sarna, piojos, disentería y el hambre atroz”. Robert Cappa lo denominó “Infierno de arena”.

 

Elsa Osaba sostiene, sin tapujo alguno, que el comportamiento de la Francia oficial “fue criminal”. “Mi madre, en estos tiempos con sus 94 años, cuando ve en la TVE a los distintos pueblos abandonar su terruño, huir en busca de refugio, en guerra con bombardeos... no lo entiende. Clama con impotencia ¿por qué los Estados no han aprendido de la atrocidad del exilio español? ¿Por qué siguen las guerras matando a mujeres, a sus hijos, ¡con lo que cuestan criarlos!? Por eso soy hija única”.

 

FRANCISCO BAILO, UN 'INDÉSIRABLE' EN MAUTHAUSEN

Francisco, el tío de Elsa, pertenecía a la columna anarquista 26º División Durruti. Cuando pierden la guerra, los franceses los recogen bajo el estigma de 'les indésirables'. “Era el desaliento de sentirse derrotados, el trauma de la ruptura familiar, la inadaptación en un país extranjero con un idioma nuevo que resulta ininteligible, el despojo de las pertenencias, la reclusión en campos de concentración en condiciones inhumanas, una alimentación degradante... ¿te lo puedes imaginar?”. Después de un prolongado silencio, Elsa añade: “sólo a base de banalizar conductas perversas se llega a estos crímenes”.

 

FRANCISCO BAILO

 

Francisco Bailo, un año después de abandonar Mauthausen

 

Primero, lo recluyen en el campo de castigo Le Vernet para después pasar a la Ligne Maginot, lo que iba a ser la contención armada ante cualquier invasión germana. “Se convirtió en la tumba de una pérdida económica sin precedentes, kilómetros de casamatas, muralla, de pasadizos subterráneos... ahí trabajaron centenares de españoles, pero fue arrollada por un ejército impecable, numeroso, armado y entrenado”. Con la derrota ante los alemanes fue trasladado a Stalag XI-A, campo de prisioneros germano, en Altengrabow. Después, fue conducido en un convoy de 469 prisioneros al primer campo de trabajo y exterminio construido en Austria: Mauthausen, el campo de los españoles de grado III, uno de los que revestían más dureza.

 

MAUTHAUSEN, EL INFIERNO DEL ANTIFASCISMO ESPAÑOL

Mauthausen albergó a más de 9.000 españoles, al final sobrevivieron unos 2.000. Lo primero que hicieron con Francisco fue quitarle sus pertenencias y rasurarlo hasta la vejación, luego lo obligaron a llevar unos zuecos deformes con suela de madera y un pijama de rayas y “el infamante triángulo azul de apátridas, Franco bramó que ya no existían españoles tras los Pirineos. Pasaron de tener nombre, a ser un número. A mi tío le correspondió el 4.216. Les obligaban a aprendérselo en alemán bajo amenaza de darles palos en las nalgas”.

 

Era pleno invierno y el frío podía alcanzar hasta los 35 grados bajo cero. “Los barracones tenían literas de 80 centímetros de ancho, para albergar a dos, tres o cuatro personas... o esqueletos”. Comían sopa de nabos, peladuras de patatas y algo de pan duro, muchas veces en mal estado. A veces, también un poco de cebo. “Los españoles estaban organizados en dependencias relativamente importantes como la cocina, enfermería, zapatería o barbería”. Su tío pertenecía al grupo de trabajo de la cantera y manejaba la grúa. “Por eso sobrevivió más de cuatro años... subiendo piedras duraban poco”.

 

“¿Cómo era Mauthausen? ¿Un hedor de carne quemada permanente, diario, con cenizas que expulsaban las dos chimeneas del crematorio, las 24 horas del día, cada mes, todo el año? Toda la maldad humana está en los campos de exterminio nazi... Fue un genocidio con el que Franco extendió su poder unido al de Hitler”.

 

francisco bailo feminicidio.net

 

Tumba de Francisco Bailo con las placas de deportado

 

Elsa Osaba hace mención a los experimentos humanos del castillo de Hartheim donde asesinaron a 499 españoles. “Allí mataron a un primo de mi madre, Pascual Orús Murillo, número 5.058”. “Allí aprovechaban todo del ser humano. El cabello para hilar mantas, los dientes de oro para sus monedas, los huesos pulverizados para el campo, la grasa para el jabón, la piel para sofás, pantalla y encuadernación. Y después, los experimentos: esterilizaciones, exámenes sobre la resistencia a la congelación, amputaciones, inyecciones de benzol...”. En el campo de concentración de Gusen, su hermano, Juan Orús, que para ellos era el número 3.620, no tuvo mejor suerte. “Lo mataron por protestar”. Él alzó la voz para denunciar todo esto que hacían y le echaron los perros encima. “¿En dónde están hoy los responsables? Sólo fueron juzgados 21 hombres y tres mujeres. Los demás huyeron repartidos entre los Estados Unidos, Brasil, Argentina y, por supuesto, España”.

 

PASCUAL BAILO: ANTIFASCISTA EN EL OLVIDO ESPAÑOL

“Lo desfiguraron, al principio no le reconocían sus abuelos”. Pascual, con 14 años, fue “el juguete de los falangistas”. Pascual, que había mentido sobre su edad para formar parte de la aviación republicana, fue usado de “pelota” para jugar al fútbol de cuneta a cuneta durante casi un kilómetro por la carretera que conduce a Perdiguera. Lo condujeron al campo de Barcarès y, allí, le hicieron “voluntario con la bayoneta en el pecho” para la Légion Etrangère Française. Le tocó luchar en el Norte de África. Su guerra terminó en Las Ardenas, cayó en una oquedad de nieve y hielo. Varios compañeros murieron congelados. Por liberar las tierras de las fuerzas nazis, fue considerado héroe de guerra, recibió medallas y fue abanderado de l'Isère. Cuando falleció en 2005, su féretro fue cubierto con la bandera francesa. “No tuvo ninguna distinción española ni mención ese prematuro aviador que luchó por una España democrática".

 

pascual bailo memoria histórica

 

Pascual Bailo con la chaqueta y gorro del ejército británico -mudaban de uniforme y de ejército de forma constante- y un apósito en los piés que acabaría perdiendo

 

 

JOSÉ BAILO, LA RESISTENCIA ANTIFASCISTA

Con sólo 13 años, se le considera adulto y lo separan de su madre para ingresarlo en el campo de concentración de Saint-Cyprien. “No sabría precisar cuánto tiempo después, pero consigue salir de allí y es acogido por un matrimonio en una granja. Todavía adolescente se alistó en la Resistencia”.

 

LA DESTRUCCIÓN NO PARÓ AL AMOR: 1942

El gobierno de Francia se fija como objetivo descongestionar los campos de internamiento, recurre a la promulgación de un decreto que obligaba a los recluidos a hacer trabajos, bien fuese en la agricultura o la industria. “Fue el caso tanto de mi madre y mi abuela, como de mi padre (aunque todavía no se conocían mi madre y mi padre)”. Pasaron por distintas granjas de los Alpes en Savoie, Aréche, también Beaufort o Roseland. La abuela de Elsa Osaba se enfermó y su madre, Felisa Bailo, debió asumir el trabajo de las dos. “En verano, tenían que subir a los pastos de Roseland, madrugar sobre las dos o tres de la madrugada para ordeñar unas 18 ó 20 vacas y otro tanto por las tardes. Se le agrietaban las manos y sangraba al ordeñar... pero el miedo le hacía continuar. También tenían que elaborar los famosos quesos de Gruyère y Tomme de Savoie, tan grandes como ruedas de carro de unos 15 kilos. “Odio ese queso”, confiesa.

 

La abuela de Elsa Osaba es ingresada a finales de marzo de 1942 en el Hospital de Albertville. “Nadie avisó a mi madre... mi abuela murió en abril”. Manuel Osaba también estaba en aquel hospital. “Mi padre estaba herido con multiples fracturas por haberse tirado por un barranco para no ser detenido por soldados alemanes. Él asistió a mi abuela moribunda. Así se conocieron, cuando mi madre llegó para enterrar a mi abuela”.

 

Los padres de Elsa Osaba construyeron una relación de amor en un escenario repleto de “maquillaje de términos que disfrazaba un trabajo esclavo”. Elsa relata cómo esta medida del Gobierno de Vichy no sólo benefició a Francia sino también a los alemanes “con las fábricas de armamento, textiles para los uniformes en Clermont-Ferrand, la construcción de bases submarinas en el Atlántico". Los españoles también formaron parte del ejército francés por su experiencia en la Guerra Civil. "Por ejemplo mi padre, después de varios meses en Saint-Cyprien, estuvo un mes en la mina de carbón de Arèche y a continuación fue destinado a trabajar en una granja de vacas en Beaufort en Savoie”.

 

felisa osaba

 

Felisa Bailo, madre de Elsa, junto Felipa Madán -en cama-, una mujer que conoce en el campo de concentración y que acogerá como si fuese su madre. Felipa Madán murió de alzheimer sin olvidar su casa de Torrijos y dejando un gran afecto en la familia de Elsa Osaba

 

 

1945: ELSA OSABA Y EL REENCUENTRO DE LA FAMILIA

Apenas tres años después, Manuel Osaba y Felisa Bailo tienen a Elsa. Con ella recién nacida se produce el reencuentro de los cuatro hermanos (tíos maternos de Elsa). “Primero llegó José, que venía de la Resistencia y estaba muy decepcionado. Como todos los españoles, se sentía traicionado por los Aliados, que no terminaron con el fascismo de Franco. Después, Pascual, mutilado y apenas salido del hospital. El último en llegar fue Francisco, en julio de 1945. Lo trajeron las enfermeras de la Cruz Roja. Estaba en mal estado de salud, aunque más recuperado tras dos meses de cuidados después de salir de Mauthausen, donde había permanecido cuatro años y un mes deportado allí”.

 

José continuó su lucha antifascista. Sustrae armas a los aliados para pasarlas a España. “Mi tío Francisco me contó que, sobre todo, le roba armamento a los americanos”. Lo detienen cuando conducía a Girona. Consiguió escapar en 1950: “Murió a los 26 años de forma misteriosa. Está enterrado en el fondo del corazón de mi madre. Fue una víctima más del franquismo en suelo francés”.

 

DIARIO DE LOS PUEBLOS ANTIFRANQUISTAS: EL RETORNO

“Mis padres regresan en junio de 1959”. Residían en Lyon. El padre de Elsa trabajaba en la empresa suiza de calzado Bally. “Ellos sentían nostalgia”. Su abuela paterna tenía ya 80 años y eso fue, “decisivo” para planear el retorno a España.

 

“Un sacerdote de Sacré Coeur de Lyon, aceptó la farsa de bautizarme y que hiciera la primera comunión una semana antes de volver. Tres días después me confirmaron. Soy atea pero me siento orgullosa de los clérigos que se solidarizaron con mi familia. Teníamos que protegernos ya que la Iglesia española era colaboradora del franquismo. Esa Iglesia que hoy sigue pidiendo el olvido por sus pecados y no es capaz de devolver bienes expropiados ni pide perdón”.

 

Poco después de retornar, la familia de Osaba tuvo que volver a exiliarse. “En 1977, los cachorros de Fuerza Nueva, falangistas del pueblo, pasaban junto a la sindical del pueblo y hacían prácticas de tiro a sus 13 y 14 años. Decían: ¿Por qué no tiramos al rojo? Les juré que si algo les pasaba a mis padres, me vengaría. Tuvieron que exiliarse de nuevo. Malvendieron sus bienes y se fueron a vivir a Aldea del Fresno, a 50 kilómetros de Madrid”.

 

“Mi padre no lo resistió... demasiadas frustraciones. Enfermó. Su jubilación fue un continuo paseo por los hospitales y operaciones. El PSOE, su partido, lo ninguneó. El militante de los 100 años de honrados fue ninguneado por esos cachorros que rozaban el poder. Eso no lo perdono”.

 

- España no ha sabido reconocer ni reparar a las personas que han sufrido el exilio. Elsa, ¿cómo afecta todo esto a tu identidad?

 - Es que tampoco hubo un jefe de Estado francés que pidiese perdón a ese medio millón de españoles, ni por sus infames campos de concentración ni por el trabajo esclavo llamado Compagnie de Travail des Étrangers. La historia que toca a los españoles refugiados en Francia me hierve la sangre. Y no sé cual es mi pertenencia. Dependo del interlocutor. Un francés me sitúa como española que conoce muy bien la cultura francesa y un español me ve como francesa. Mi hija dice que muto cuando cruzo la frontera. Mi hijo vive en Berlín y mis dos nietas hablan alemán y están adaptadas allá. No sé qué hará mi hija en el futuro... ¿Se cerrará el círculo del exilio? ¿Seremos ciudadanos del mundo sin fronteras, sin intolerancias?

 

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El hijo de Elsa Osaba -izquierda- posa junto su tío segundo Pascual Bailo

 

 

 

 - ¿Cuánto ha marcado el exilio tu vida?

 - Llegué con 14 años a España. Me acosaban, se burlaban de mi, me llamaban Napoleón o Pasionaria y no entendía el por qué.... Y era porque a mi tía mayor, Inés Osaba, la apresaron por denuncia de “apoyo a la rebelión roja”. ¡Hay que ver! Cuatro años de cárcel, le hicieron beber aceite de coche, la raparon y sufrió dos simulacros de fusilamiento. A mí me salieron forúnculos. Adelgacé. Finalmente, tuve que interrumpir mis estudios y marcharme con 17 años a pasar varios meses a casa de mis tíos en Francia. España era negra.

- Ser hija de rojos influyó mucho en mi vida. Quizás eso me fortaleció. ¡Pero cuán orgullosa me siento de los míos! Por ellos viajé a Buenos Aires a declarar los crímenes del franquismo, la violencia del exilio y el terror nazi en la deportación. Cuando declaraba me sentía rodeada por los fantasmas de todos ellos, de sus amigos que soñaban con España, que supieron marcar una página de honestidad y valentía por la libertad, la solidaridad de los pueblos y la democracia.

 

"Todavía sin terminar, quedan en blanco las hojas de un diario en las que se escribirán cómo la memoria juzgará al fascismo español".

 

 

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