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"Mi única verdad es que he sido una niña comprada"

Un escapulario, papeles, mentiras y un anhelo impostergable. Inés Grisselda comienza en junio de 2012 a desanudar su verdadera identidad que la lleva desde Barcelona a la Casa Cuna de A Coruña. Según confesión de sus padres adoptivos, en 1963 pagaron por su adopción un millón de pesetas y nunca quisieron que encontrase a su madre biológica. Hoy, con 48 años y documentación que demuestra irregularidades, planea su viaje a Galicia. “Sé que nací en A Coruña. Mi mayor deseo es encontrar a mi madre”. Tercera entrega de nuestra investigación periodística en Galicia sobre niñas y niños robados en el franquismo

 

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Ana Costoya Viqueira - Feminicidio.net - 21/11/2012

Las Hermanas de la Caridad es laprimera confederación religiosa acusada ante jueces y medios de comunicación por el robo de bebés en el Estado español y Sor María Gómez Valbuena, perteneciente a esta agrupación, es la primera imputada por detención ilegal de menores y falsedad en documentación pública. A esta misma confederación pertenece la Casa Cuna de A Coruña, Galicia, ya denunciada porafectados gallegos, a los que se suma desde Barcelona Inés Grisselda, que prepara su viaje a Galicia para investigar si detrás de su compra-venta, además, hay un robo. Entrevistamos a Inés por teléfono unas cinco veces. Este es el resultado de un encuentro en el que pudimos sortear casi sin dificultades la ausencia física de estar frente a frente, en realidad el mérito de Inés es que tiene una gran sabiduría para expresar sus emociones.

 

- ¿Cómo te enteras de que fuiste adoptada?

- Me entero cuando tenía 27 años. Yo ya tenía a mis tres niñas y vivía por mi cuenta con mi marido. Tuve una reunión familiar, por motivos de herencia de un abuelo que había muerto y volviendo en el coche mi primo me comenta sobre unas tierras del abuelo que estaban en venta. Y me dice, irónicamente, “para qué te lo cuento a ti, si no eres de la familia”. En el coche venía mi marido que se encaró con él, que no sé cómo no llegaron a las manos. Es que enterarse así es muy fuerte...

 

- No podía ver al hombre que desenmascaró la verdad: se trataba también del individuo que abusó de mí durante varios años en mi infancia. Ese mismo día, tan pronto llego a mi casa, llamo a mi padre. Él me dijo que fuera sola hasta su casa y que me lo contarían todo... Me confesaron mi adopción, mi madre adoptiva no podía tener hijos. Me dieron una cajita que tenía un escapulario y según su relato lo llevaba puesto el día que mis padres adoptivos me recogieron. Me contaron que no sabían quién era mi madre y que habían pagado por mi adopción un millón de pesetas.

 

- Pero después me contaron lo que quisieron. Ahora, que han pasado los años y ellos ya no están, he visto cómo ha reaccionado la familia y doy por hecho que había un pacto de silencio. Les pregunté por qué en mi DNI pone que soy de A Coruña. Contestaron que en la época de Franco les obligaban a hacerlo así pero que yo, allí, no tenía raíces. Y ese día me lo creí: di por supuesto que me decían la verdad.

 

- ¿Y cómo confirmas que eres de A Coruña?

- Gracias a mis hijas. Y gracias a que la trama de los bebés robados haya salido a la luz. Al conocer otros casos, mi hija Sonia se pone en contacto con unos conocidos suyos, que son abogados y les explica mi historia. La abogada, a nivel personal nos dice que tenía que pedir una partida de nacimiento literal. La pedí. Y ponía que era de A Coruña. Al verla, como soy adoptada, tenía que haber una segunda escritura, la que tuvieron que hacer mis padres adoptivos para inscribirme. Fui al notario y acredité que era yo quién la solicitaba porque no podía desplazarme a A Coruña. Y al cabo de quince días me mandaron esa documentación al registro Civil de Barcelona. Aquí es donde descubro que soy entregada en la Casa Cuna provincial de A Coruña. Y es ahora cuando digo: ahora sí sé de dónde soy.

 

- ¿Esto cuándo fue?

- Hace un poco más de cuatro meses. Y me confirmó la aparición de una duda que tengo. Mi fecha de nacimiento es el 20 de octubre de 1963. Pero mi padre adoptivo siempre me lo negó. Me contó que, como mi nombre era en honor a Inés mi abuela adoptiva, la esposa de mi abuelo paterno, me pusieron la fecha en la partida de nacimiento. Mi abuelo se llamaba Rafael y el 20 de octubre es su santo. Mis padres me dijeron que cuando me recogieron yo tenía meses pero si nací en 1963 y me recogieron en el 67, entonces estuve cuatro años en la Casa Cuna, cuestión que también me ocultaron.

 

- Cuando empiezas a investigar, ¿cuántas preguntas más surgieron?

- Muchas. ¡Porqué tanta mentira! Mis padres son conscientes de que han hecho cosas que no son legales. Y me da rabia, pienso: ¿por qué me pasa esto a mí? Te sientes abandonada. Cuando pensaba esto todavía no sabía nada de la trama de los bebés robados. En mi cabeza solo existía que mi madre me había abandonado. Y no entendía el porqué... hasta que me di cuenta de que la historia de mi pasado podía ser otra y que había personas que pasaban por la misma situación que yo.

 

- ¿En qué te cambió enterarte de que habían más personas con tu misma historia?

- Cambié mi chip. Dejé de pensar en mí para preocuparme por mi verdadera madre, la que nunca conocí. Es mi meta: conocerla. Pienso que lo he vivido desde el otro lado, afectada también, pero con muchos años de inocencia, y me pregunto ¿cómo lo habrá vivido ella? Ahora soy madre de tres niñas. Que se te muera un hijo es muy triste pero que te lo quiten. Imagínate. ¿Y si a ella le pasó eso conmigo?

 

- Cada vez que veo un caso nuevo de niños robados, digo: podría ser mi perfil. Personas que tenían partidas de nacimiento igual a las mías... que por mucho que preguntaban no encontraban nada. Es ahí cuando digo, tengo que buscar a mi madre.

 

- Antes de saber sobre los niños robados, psicológicamente estaba muy afectada. Me sentía una niña totalmente sola, no tenía con quien hablar...mi madre estaba enferma, tenía esquizofrenia. Se trataba de una persona que necesitaba ayuda y no la tuvo. No podía hablar con mi madre como mis hijas pueden hablar conmigo. Y se notaba. Si había una reunión familiar, con más niños, se notaba una diferencia abismal hacía mí, me discriminaba. Yo era la oveja negra. Todos eran mejores: eso a una niña la lleva a un trauma.

 

- ¿Crees que te discriminaba porque eras adoptada?

- A los 8, 9 años me sentía el bicho raro de la familia. Coincidió con la época de los abusos. No entendía por qué yo. Me acostaba llorando muchas veces.

 

- Con 11, 12, 13 años, cuando vas cambiando, me doy dando cuenta. Cuando venían las otras madres a buscar a mis compañeros al colegio, ella era más mayor que las otras madres. Y siempre tuve la creencia de que mi madre no era mi madre pero mi padre sí. Me lo inventé yo, en mi imaginación. Pensé que mi madre se había muerto y él se había casado con esta señora... A los 16-17 años, ya tengo claro que ellos no eran mis padres y es cuando decido volar.

 

- Te vas de casa...

- Me aventuro. Quería salir de allí cuando me doy cuenta de que me están engañando. Pero me doy por vencida. A los 17 años, cuando le pregunto por qué en mi DNI pone que soy de A Coruña, me llegan a decir que mi madre embarazada va a A Coruña con mi padre por motivos de trabajo, él era pintor. Me llegan a decir que da a luz en un hotel. Les pregunto dónde me bautizaron y me dicen que al propio hotel vino un sacerdote. ¿Pero qué hotel era ese? Mentira tras mentira. Estuve tres años sin hablar del tema. Me cansé. Hasta diez años después, como dije antes, escuché de la boca de mi padre admitir que era adoptada.

 

- ¿Cómo vives estos años, desde que te enteras de que no eres su hija, con 27 años, hasta que descubres que realmente eres de A Coruña, hace 3 meses?

- Muy mal. Ellos van envejeciendo, se van haciendo mayores. Mi padre adoptivo desde el 96 empieza con infartos. Me hago cargo de los dos hasta el último día. Los dos mueren en mi casa porque ellos lo pidieron así. Y a medida que se van haciendo mayores me da más pena. Volví a hacerles las mismas preguntas esperando que se compadecieran un poco más de mí. Pero no. Me daban nombres falsos. Mi madre adoptiva una vez me dijo que quien me había parido se llamaba Mercedes, otra Montserrat, mi padre me dijo que se llamaba María Dolores...

 

- Cuando tú eres madre y sabes lo que sientes por un hijo, lo pasas muy mal. Te preguntas por qué tu madre te abandonaría a ti. No hay día que no me lo preguntase. Es una angustia tremenda no saber.

 

- Mi familia es la que he creado sola. A la verdadera no la conozco, nunca he tenido familia. Mi familia ahora son mis hijas, que las he hecho yo, que han salido de mí. De mi sangre no tengo nada más. Es una soledad que no se puede explicar. No sabes de dónde eres, no sabes por qué te han abandonado, no sabes nada… Y seguramente hablo por personas que están en mi misma situación. Por poquita información que nos den, para nosotros es un mundo.

 

- Cuando recogí mi partida de nacimiento, te prometo,  no lo abrí hasta que me senté. Esperé a salir del juzgado y encontré un banco. Y cuando vi “entregada en la casa provincial de La Coruña”, no sabes lo que yo llegué a llorar. No te lo puedes imaginar. Para mí era un tesoro. La palabra exacta es esa, un tesoro.

 

- Es la única forma que tengo de encontrar a mi madre, ir a Galicia. Desde aquí poca cosa más puedo hacer. Y ahora sé que nací allí y es mi tierra. Eso siempre se anhela aunque no hayas vivido allí, es algo que es tuyo.

 

 

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Registro civil de Inés Grisselda en el que indica que ha sido entregada en la Casa Cuna provincial de A Coruña.

Aparece como declarante el nombre de una clériga.

 

- ¿Has pensado a quién investigar?

- Médicos, monjas… Por supuesto. Y lo pienso todos los días. Cuando veo a Sor María, hoy en día implicada, pienso que hay muchísimas más personas implicadas que están en el anonimato y la impunidad.

 

- Lo tengo escrito en mi partida de nacimiento. Hay nombres y apellidos de gente que aún está viva. Por eso cuando vaya a A Coruña quiero ir al Hospital Provincial, quiero ir a la Casa Cuna e investigar. Me cueste lo que me cueste.

 

- Y quitar las máscaras.

- Por supuesto. Si hoy mi madre no está conmigo, si soy una niña robada, es por culpa de ellos. Ellos son los culpables. Cuando pasa algo así, no sólo es el notario que firma o el abogado que te entrega; hay unas enfermeras implicadas, hay unos médicos, hay una serie de personas que forman una cadena. Esa cadena hay que romperla. Por culpa de ellos se han roto muchos destinos.Y quizá yo esté viviendo un destino que no me corresponde vivir.

 

- ¿Y si a mí me han roto un destino? Y si a mi madre le han roto otro? ¿Cómo sé cómo se siente ella hoy por hoy? ¿Y si por culpa de esto ella nunca se ha recuperado? Los causantes principales no fueron mis padres adoptivos, los culpables son las personas que estaban en toda esta trama.

 

- Mi afán es encontrar a mi madre, porque los años pasan y quiero encontrarla viva. Pero después de eso, quiero descubrir a esta gente, que salgan a la luz. Y si tienen que ir a la cárcel, que vayan.

 

- Nosotras te vamos a esperar en Galicia. Hay gente que leerá esta entrevista. Y habrá quien hable y siga tu caso, Inés. ¿Cómo podemos ayudar desde la sociedad civil?

- Que me abran las puertas de los sitios a donde vaya. Y que mi caso salga a la luz, que se explique, que se vean mis fotos. Qué más puedo pedir…

 

- Valoro mucho lo que está haciendo conmigo Estrella, la presidenta de SOS Bebés Robados Galicia. Me ofrece su casa mientras me quedo en Galicia. Vivo en Barcelona a más de mil kilómetros e iré a un sitio al que no conozco nada. Sé que va a ser difícil que me den información. Pero haciéndolo público y con la compañía de personas que investigan el tema sé que tengo posibilidades de saber la verdad.

 

- He escuchado testimonios de niños como yo, pero que han tenido más suerte dentro de la desgracia, porque saber que eres un niño robado ya es muy triste. Pero son niños y niñas que han sido queridos y muy protegidos. Mi caso es todo lo contrario. Cuesta mucho aceptar que has sido adoptada, de esa forma. Cuándo dices soy adoptada tienes que empezar a contar y contar y cuesta. Ahora lo hago con naturalidad, he aprendido a hacerlo y todo. Pero hubo momentos en mi vida que me ha dado mucho reparo.

 

- La única verdad es que he sido una niña comprada. Pero hay algo dentro de mí que me dice que mi caso no va a ser malo. Tengo esa corazonada, va a ser positivo. Sé que voy a encontrar a mi madre. Y el tiempo que me queda, lo pienso vivir al máximo con ella. ¡Como si me tengo que ir a vivir ahí! Lo dejo todo. Ya lo saben mis hijas. Son mayores. Por eso tengo muchas ganas de llegar, investigar, descubrir, escuchar a la gente. Quiero poder decir: nací aquí. A ver qué me pueden contar ellos. Ojalá me ayuden a encontrar a mi madre.

 

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