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Marina Abramovic, mito vivo de la performance

Actualmente presenta Holding Emptiness (Sosteniendo el vacío), su primera exposición en España que podrá visitarse hasta el 31 de agosto en el Centro de Arte Contemporáneo (CAC) de Málaga. Es una oportunidad de acercarse a una de las mujeres más emblemáticas y mediáticas del arte contemporáneo

Irene Ballester Buigues – Feminicidio.net – 09/07/2014

Marina Abramovic (Belgrado, 1946), la autodenominada abuela de la performance está presente en España con una interesante exposición en el CAC de Málaga, su primera retrospectiva en nuestro país comisariada por Fernando Francés bajo el título de Holding Emptiness (Sosteniendo el vacío). Referencia indiscutible en el arte de la performance, junto con la italofrancesa Gina Pane, sus inicios debemos enmarcarlos dentro del Body Art de finales de los años sesenta, donde el cuerpo, por primera vez se convirtió en un lienzo de expresión y en materia artística. Artista que necesita de la performance como el aire para respirar, es considerada en la actualidad y según la revista Time, una de las 100 personas más influyentes del mundo, y es que tras su retrospectiva del año 2010 en el MOMA de Nueva York, la catedral del arte contemporáneo, bajo el título de La artista está presente, su trabajo, su persona y también su espectáculo, son reclamo dentro de los circuitos artísticos más innovadores.

 

Su herramienta principal es su cuerpo, y a través del mismo ha experimentado el dolor y el sufrimiento como lo hizo en Rhythm O, llevándolo al extremo, en Rhythm 10, así como en Thomas Lip´s, donde indagó en los límites de la propia inmolación personal a través del corte, la herida y la sangre. Hija de partisanos y autoproclamada no feminista, porque nunca se ha considerado marginada por la sociedad patriarcal que nos rodea, ni por la dictadura comunista de Tito en la que se crió, su trabajo para ella es como la vida, algo inmaterial donde se entremezcla el dolor con la superación y la resistencia con la combatividad. Unida sentimental y laboralmente al artista de origen alemán Ulay con quien trabajó desde 1975 hasta 1988, separándose en la Gran Muralla China y volviéndose a reencontrar en el año 2010 en el MOMA dentro de la performance La artista está presente, experimentaron estados físicos y emocionales próximos a los grandes profetas de las religiones patriarcales como Jesús, Mahoma o Buda. En perfecta comunión con la naturaleza salvaje, en Stromboli se convirtió en una Afrodita, ejemplo de los ritos iniciáticos ancestrales de la Diosa Madre, mientras que dispuesta a desentrañar los ritos paganos de los Balcanes, su tierra de origen, en Balkan Erotic Epic del año 2005, conjugó erotismo y cultura eslava, para hablarnos de la fertilidad de la tierra en sincretismo con la sexualidad y la fecundación. Las armas, elemento común en las sociedades patriarcales, han sido también un símbolo recurrente en sus trabajos. En el año 2005 emuló el Genital Panic de Valie Export, metralleta en mano en la entrada del museo Guggenheim de Nueva York, un año en el que a nadie se le escapó que Estados Unidos se hallaba inmerso en la guerra contra Irak.

 

A pesar de tener detractores como M.A.R.F.A, que piden que Marina Abramovic deje de hacer peformances porque en las mismas utiliza niños y niñas en situación de pobreza para denunciar la situación de los niños soldados, y animales ciegos y lisiados que supuestamente recuperarán la salud tras ser abrazados por la artista, su trabajo continua siendo un fenómeno de masas que espanta a los detractores pero que consigue aglutinar un gran número de incondicionales. Durante el transcurso de este verano en el CAC de Málaga tenemos la oportunidad de observar los elementos que conforman gran parte de las performances, tocados todos ellos por la artista, siendo por tanto esas huellas y testimonios de su práctica performativa.

 

Marina Abramovic está ahora realizando en Londres una performance en la Serpentine Gallery. Desde el 11 de junio pasado, durante 64 días (512 horas) interacciona con su público, al que utiliza como un organismo y parte sustancial de su propuesta. Cada día, Abramovic registra cortos (una especie de diarios visuales) con un resumen de las ocho horas en contacto con las personas que pasan por la galería de arte, objetos elegidos y las resonancias que le dejan esa experiencia. Tan solo la presencia de Abramovic, su cuerpo, su cabello, su vestimenta … toda ella en sí, es una performance.

 

 

 

 

 

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