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La habitación cerrada de mi memoria, performance de Lucía Peiró

Lucía Peiró nos comparte en esta performance un proceso de instrospección. Cuerpo y mente, emociones, metáforas tangibles y el devenir de su conciencia, más que atrapar la memoria de sus acontecimientos vividos, nos sumerge en los entresijos de sus desvelos: el tiempo y su relación con el espacio, la cotidianidad en la construcción de la memoria, la huella de nuestros recuerdos desde una lectura universal

 

Feminicidio.net - 04/05/2014

España, Madrid - Como ella misma sostiene, se trata de un trabajo estructurado en el que todo está medido detrás de una aparente simplicidad visual: “forma parte de un proceso personal de vaciado para poder llenar de nuevo el almacén de la memoria. Una hora cuarenta y cinco minutos, setenta y cinco kilos de cebollas y ni una sola lágrima”.

Peiró (Benigànim, Valencia, 1967), licenciada en Belles Arts por la Facultat de Sant Carles de la Universitat Politècnica de València, desde principios de los años noventa vive involucrada con el arte interdisciplinar y de acción, la poesía visual, las intervenciones y las maniobras artísticas. Ha formado parte del Comedor de idea”s, del grupo ANCA, del grupo Tres i no res y del grupo Simberifora A.C. También ha trabajado con la gestión y autogestión de artistas interdisciplinares gestionando entre 2007 y 2011 el ciclo Arrt d’Accció sobre performance y arte de acción, en el Centre de Cultura Contemporània Octubre, en Valencia.

Su trabajo plástico deviene de la performance. Utiliza diferentes técnicas y soportes, recurre a los objetos artísticos, a los libros de artistas, al mail art y a los registros sonoros.

Su obra se ha presentado en diferentes espacios artísticos y encuentros de performance y festivales de España, Francia, Alemania, Finlandia, Argentina, Canadá y EEUU.

 

 

LA ARTISTA Y SU PERFORMANCE

La habitación cerrada de mi memoria es una de mis acciones más introspectivas y ha sido un reto para mí. Es, además, una de las acciones más largas que he realizado.

Durante el tiempo de desarrollo de la acción realizo los mismos movimientos; es una performance compuesta de cinco acciones. La considero un trabajo de reflexión sobre los acontecimientos vividos por mí a lo largo de cuarenta y siete años. A priori parece que no se utilicen muchos elementos por la simplicidad del gesto y la reiteración de los movimientos durante el desarrollo de la acción, pero en realidad sí lleva muchos elementos asociados a ella: la presencia y el tiempo, y sobre todo el cálculo que se hace de este elemento y su relación con el espacio. Por otra parte están presentes los elementos de uso cotidiano como son las cebollas y el cuchillo. Y además aparece en ella el concepto de lo plástico, concepto que sin buscarlo siempre forma parte de mis acciones, y que en este caso en particular lo conforman las construcciones escultóricas de los sacos contenedores de memoria cuyas medidas son, en cierta manera, medidas antropométricas en relación a mis recuerdos.

Es pues un trabajo estructurado donde el cálculo temporal y espacial adquiere mucha importancia. Todo está medido: la disposición en línea de los sacos contenedores, la distancia entre ellos, el tamaño de estos en relación a mi medida, el peso del contenido de estos sacos, el tiempo que dedico a pelar las cebollas, la distancia de la posición posterior al recorrido de los sacos en disposición de semicírculo, la distancia de estos en relación a la silla que utilizo en el último momento de la acción… Nunca antes había calculado tanto el tiempo y el espacio en relación a una idea. La medida del tiempo, como parámetro de registro del almacén de vivencias, que se fracciona en décadas y cada década contiene a su vez un tiempo fragmentado determinado.

La utilización de bolsas o contenedores de memoria que funcionan a su vez como cajas de Pandora y que llevan implícito un recorrido de distancia temporal de retroceso y avance en un espacio concreto delimitado; y la colocación definitiva de estos contenedores en semicírculo que no en círculo cerrado. Y el contenido de los sacos: las cebollas, un elemento cotidiano que forma parte de la alimentación y que tiene un doble significado, por una parte recuerda a la ingesta de alimentos pero también nos recuerda la idea de lo amargo; y la acción de pelar que no es la misma que la acción de comer, y que en este caso se convierte en algo obsesivo al descubrirlas una a una, al pelarlas, o al trocearlas o desecharlas… y que nos lleva por otra parte, a la idea de abandonar la idea… Y además está el elemento del código numérico, un código correlativo de los años que es el que deja una huella temporal visible y que tiene una lectura universal.

Toda esta compleja estructura forma parte de un proceso personal de vaciado para poder llenar de nuevo el almacén de la memoria. Una hora cuarenta y cinco minutos, setenta y cinco kilos de cebollas y ni una sola lágrima”.

Lucía Peiró, Valencia, 2014. 

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