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El banquete de las mujeres y sus Estados de excepción

La mexicana Lorena Wolffer, uno de los exponentes más importantes del arte latinoamericano actual, vuelve a cautivarnos con su performance Estados de Excepción. Desde su mirada feminista, subvierte el androcentrismo y la misoginia del arte tradicional y propone un banquete, en el que participan sólo mujeres que narran sus "Estados de excepción" como una acción positiva (y no a la que se refiere el término jurídico original, de pérdida y extinción de derechos) en un nuevo escenario igualitario y de respeto de los derechos humanos de las mujeres

Irene Ballester Buigues – Feminicidio.net – 13/09/2014

Las mujeres pocas veces hemos sido las protagonistas en un banquete, salvo cuando se nos ha consumido dentro de la macabra relación entre placer sexual y comida. Pero con el feminismo, otras significaciones han sido posibles y en 1972 la neoyorkina Mary Beth Edelson, invitó a cenar a algunas de las mujeres artistas más importantes de Estados Unidos, entre ellas Georgia O´Keeffe, Yoko Ono o Linda Benglis en Some Living American Women / Last Supper, siguiendo la misma estructura utilizada a finales del siglo XV por Leonardo da Vinci. En 1979 fue una de las pioneras en el arte feminista, Judy Chicago junto con Miriam Schapiro, quienes invitaron a cenar a las mujeres más importantes de la historia en The Dinner Party, frente a una misoginia histórica que las había invisibilizado y que todavía nos invisibiliza.

 

 

 

Muchas son las cargas familiares que las mujeres llevamos sobre nuestras espaldas. No solamente el cuidado de nuestros hijos e hijas sino también el cuidado de nuestros familiares mayores y enfermos. Nuestro cuerpo alimenta y nuestras manos cocinan los alimentos. Todo ello a un coste cero, lo que implica invisibilidad y no reconocimiento. Las mujeres y la comida son una unidad para el patriarcado, pero una unidad para los otros, en beneficio de los otros, e insignificante para el patriarcado por ser adscrito a nuestro sexo. Mientras los hombres son los grandes chefs mundiales de las cocinas públicas.

 

 

Estados de excepción es uno de los últimos proyectos que está llevando a cabo la artista mexicana Lorena Wolffer (México D. F., 1971). El Estado de excepción, según la Constitución mexicana en su artículo 29 contempla la restricción o suspensión del ejercicio de los derechos y las garantías de ciudadanía "en los casos de invasión, perturbación grave de la paz pública o cualquier otro que ponga a la sociedad en grave peligro o conflicto”. La restricción o suspensión procedería en los casos de invasión, perturbación grave de la paz pública u otro que ponga a la sociedad en grave peligro o conflicto, cuya suspensión tendrá como único fin restablecer la normalidad y garantizar el goce de los derechos humanos. Las situaciones proclives que precisarían de un Estado de excepción serían las siguientes: invasión de fuerzas armadas de otro país; perturbación grave de la paz pública y cualquier otro que ponga a la sociedad en grave peligro o conflicto como catástrofes naturales, epidemias o desabastecimiento de productos.

 

 

Entre 2006 y 2014, los feminicidios en México han aumentado un 40 %1. También pueden alcanzar niveles de crisis y de pandemia mundial: 181 feminicidios ocurren a diario en el planeta2. Ante esta situación, las mujeres en el mundo vivimos en un completo Estado de excepción en el que se vulneran nuestros derechos humanos tanto en el espacio público como en el privado porque ni nuestras leyes ni nuestros gobiernos, son capaces de protegernos. Además, hablar de Estado de excepción, implica hablar de guerras lideradas por el patriarcado en las que los cuerpos de las mujeres son usados como botines de guerra. Por lo tanto, lo que Lorena Wolffer nos propone en este proyecto es que desvinculemos el significado de Estado de excepción al lenguaje patriarcal y que tengamos la capacidad de poder subvertir su significado a través de la performatividad de la que nos habla la filósofa Judith Butler, según la cual esta expresión debe ser entendida como una acción renovable que no se vea restringida por su contexto originario y en la cual tengan cabida otras significaciones.

 

 

Lorena Wolffer plantea esta acción positiva en base al carácter performático de lo que significa un Estado de excepción, mediante el cual se contrarrestre y se resignifique dicha expresión, lo cual nos permitirá legitimar nuevos contextos y nuevos espacios igualitarios. Y uno de ellos es el espacio público por el que transitamos, y una mesa engalanada con sus mejores manteles y servilletas, es un punto de reunión para que las mujeres transeúntes que acepten dicha invitación, puedan ocupar un espacio y ser muchas de ellas por primera vez servidas por unos camareros, siempre hombres, cuyo restaurante, ha colaborado en dicha acción. Lorena Wolffer, una más dentro de este Estado de excepción, conversa con todas las mujeres, intercambiando opiniones y afectos dentro de esta especie de microcomunidad cuya carta de menú es ocupada por frases que hacen referencia a los derechos humanos de las mujeres y a leyes locales y federales mexicanas. El mantel, finalmente es el soporte sobre el que las invitadas pueden escribir sus experiencias, algunas de ellas violentas y otras tristes, las cuales hablan de exclusión. Por ejemplo, las mujeres indígenas que escribieron que nunca antes nadie les había servido la comida, y mucho menos un hombre. Todas ellas se marchan sabiendo que otras formas de estar son posibles, dentro de un contexto democrático en el que la igualdad es un derecho y no un Estado de excepción.

 Estados de excepción se llevó a cabo en el Malta Festival Poznan (Polonia), el 21 y el 22 de junio pasado.

  1 http://observatoriofeminicidio.blogspot.com.es/

 

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