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Desmontando poderes y silencios: una exposición que deconstruye los roles y los estereotipos de género

Irene Ballester Buigues comisaría en el Ayuntamiento de Fuenlabrada Desmontando poderes y silencios, una exposición que denuncia la violencia de género y el feminicidio a través de las fotografías, acciones y vídeos de Berena Álvarez Fernández, Art al Quadrat, Yolanda Domínguez, Mau Monleón y Mercè Galán. Las obras expuestas subvierten los valores patriarcales y desafían el modo de mirar el cuerpo femenino, deconstruyendo los roles y los estereotipos de género. La exposición puede visitarse hasta el 11 de diciembre

Irene Ballester Buigues — Feminicidio.net — 27/11/2015 

España, Madrid - Desmontando poderes y silencios es una exposición que pretende subvertir las verdades absolutas patriarcales, además de confrontar la violencia de género y el feminicidio a través de la obra de Berena Álvarez Fernández, Art al Quadrat (Mònica y Gema del Rey Jordà)t, Yolanda Domínguez, Mau Monleón y Mercè Galán. A través de la fotografía, la acción y el vídeo, tres de las herramientas artísticas menos contaminadas por la tradición patriarcal, a diferencia, por ejemplo, de la pintura o la escultura, todas estas artistas han desafiado las formas de mirar el cuerpo femenino, subvirtiendo su invisibilidad, generando vínculos de sensibilización en la opinión pública frente a las violencias machistas y brindando una oportunidad única para desarticular los roles y los estereotipos de género.

Mònica y Gema del Rey Jordà (Sagunt, 1982) presentan en su vídeo Esperando al príncipe azul la historia del amor romántico patriarcal según la cual las mujeres no estamos completas sin nuestro príncipe azul. El mundo de los malos tratos vividos dentro de una relación sentimental no solo trunca vidas físicas, sino que también se lleva por delante sueños y deseos que todo ser humano necesita: dignidad, amor, felicidad y paz. Pero la realidad del cuento es otra, es mucho más cruel y hace que nos despertemos de ese sueño con final feliz enseñado por el patriarcado en el que nosotras somos las dulces princesas. Repetido generación tras generación, Esperando al príncipe azul, es un cuento de hadas donde la desilusión, la rabia y la impotencia son las protagonistas de otra existencia impregnada de violencias machistas donde ellos son los guerreros, los activos, los Ulises; y nosotras, las Penélopes, las pasivas, las que esperamos.

Art al Quadrat, Esperando al príncipe azul

En Cautivas del silencio, proyecto fotográfico, escultórico y audiovisual de Mercè Galán (Valencia, 1963), una joven vestida de color naranja, un color conocido e identificado con el uniforme de los presos de algunas cárceles, arrastra pesadamente los abusos y la violencia sufrida en el espacio íntimo de su hogar. Un lugar dual entre la seguridad y el abuso, donde el agresor queda impune tras la puerta de la intimidad, del espacio privado. Ella arrastra en silencio el peso de la casa que la confina a una violencia familiar, de complejos lazos, hasta que logra romperlos. La casa que acompaña el video está construida con materiales reciclados y frágiles, vinculados a las mujeres, como aros de un sujetador. Una casa, aparentemente de muñecas, esconde un interior hostil y violento, cuya espada de Damocles es el cuchillo, un arma doméstica utilizada en feminicidios y presente en titulares amarillistas que se ensañan con las consideradas -según el lenguaje patriarcal- muertas y no asesinadas. No nos matan, nos asesinan. El patriarcado ha silenciado la violencia de género y el feminicidio, así como las voces femeninas. Hasta 1997, y tras el feminicidio de Ana Orantes, no se empezó a denunciar en España la violencia de género. Las violencias machistas son los crímenes más silenciados del mundo. El feminicidio es una pandemia mundial y, como tal, debe ser denunciada frente a la ceguera y a la indiferencia de una realidad cuya violencia hacia las mujeres, y según la politóloga de origen somalí Ayaan Hirsi Ali, es propia de un holocausto[1], pues se calcula que en todo el mundo están desaparecidas demográficamente entre 113 y 200 millones de mujeres[2].

La fotógrafa Berena Álvarez Fernández (León, 1982) se ha propuesto a través de su serie fotográfica Gossypium subvertir la considerada verdad absoluta trazada en los cuerpos de las mujeres, presentados a lo largo de la Historia del Arte únicamente como objetos de placer. En su trabajo la mirada masculina y escoptofílica[3], que surge del placer de usar el cuerpo femenino como objeto de estimulación sexual, ya no es la protagonista, pues no será deleitada con una Venus nacarada y objetualizada, sino con la realidad, la misma que impregna de sometimiento y humillación el cuerpo de las mujeres dentro de la sociedad patriarcal que nos rodea. Gossypium es el término científico para designar las plantas herbáceas y arbustos cultivados para  producir algodón, una fibra sensible a la vez que fuerte que forma parte de nuestra cotidianeidad, que nos cubre con dulzura, pero, también, nos ata con dolor. Sin embargo, en este caso, quien protagoniza los trabajos no es el cuerpo femenino sino el cuerpo masculino. Y en la utilización del cuerpo masculino es donde reside la subversión de la mirada patriarcal hasta el extremo de repelernos porque nos increpa. El artista japonés Nabuyoshi Araki ata los cuerpos de las mujeres según la tradición patriarcal japonesa de la técnica del shibari o del bondage. Pero, como los cuerpos de las mujeres son consumidos para vender cualquier producto, ser explotados y abusados, no hay problema, ya que nuestra mirada, educada por la tradición patriarcal, lo tolera. Cuando el cuerpo masculino en todas sus partes, incluido el pene, es el atado y el violentado, la subversión feminista llega al extremo de que nos repele, censurándola, pero nunca del mismo modo a como nos ha incomodado El nacimiento del mundo de Courbet o La violación de Magritte, donde el pudor envuelve nuestros prejuicios. ¿Por qué toleramos unos cuerpos desmembrados y otros no? ¿Por qué nuestra mirada tolera la violencia en los cuerpos femeninos? ¿Por qué la sociedad patriarcal en la que estamos insertos e insertas llora unas muertes y otras no? Nuestra mirada ante el encuentro traumático de la realidad, la realidad que nos presenta Berena Álvarez Fernández en la serie Gossypium, nos enfrenta con una bofetada ante nuestra doble moral, inserta en una sociedad que acostumbra a desprenderse de aquello que no sirve, incluido también el cuerpo de las mujeres. Es por ello por lo que no nos debe extrañar que en ningún programa político sea prioridad la erradicación de las violencias machistas, simplemente porque se pretende que la violencia que atañe a las mujeres no nos afecte del mismo modo[4], al no entrar dentro del marco dominante de lo humano, donde lo masculino es reconocido como lo igual y lo femenino es lo pactado, lo diferente.

Berena Álvarez Fernández, Gossypium 

Mau Monleón (Valencia, 1965) en el video Hijas del maltrato se centra en las hijas víctimas, al igual que sus madres, de la violencia de género. Son muy escasos los estudios sistemáticos en los que se analiza el impacto que este tipo de violencia patriarcal tiene sobre las niñas que viven en estos hogares y que, generalmente, comparten y sufren estas situaciones de violencia – directa o indirecta – con sus madres, o aquellas figuras femeninas que desempeñan el rol de madres. De carácter documental, este video forma parte de una serie de entrevistas a hijas de entre 19 y 30 años de edad residentes en el estado español. Las repercusiones negativas de dichas violencias machistas las encontraremos en su desarrollo evolutivo, emocional, cognitivo y social. En lo que llevamos de año 2015 ha habido en nuestro país cuatro feminicidios infantiles.

Mau Monleón, Hijas del maltrato

Registro fue una acción colectiva llevada a cabo por Yolanda Domínguez (Madrid, 1977) el 5 de febrero de 2014, en la que mujeres de distintas ciudades acudieron a los registros de la propiedad a registrar la propiedad de sus cuerpos. La acción fue una protesta contra el Anteproyecto de Ley de Protección de la Vida del Concebido y los Derechos de la Embarazada, según el cual se establecían dos supuestos de despenalización del aborto: grave peligro para la vida o salud física o psíquica de la mujer durante las primeras 22 semanas de gestación, o que el embarazo sea resultado de un delito contra su libertad o su indemnidad sexual, siempre que se produzca en las 12 primeras semanas y el hecho haya sido denunciado. Este anteproyecto de ley fue retirado tras la presión de colectivos feministas que salieron a la calle para conformar un movimiento nacional de protesta social, pues legislar sobre nuestros cuerpos implica considerarnos en un estado perpetuo de infancia vacío de inteligencia. En la actualidad, y hasta las 14 semanas de embarazo, todas las mujeres mayores de 16 años pueden decidir abortar en nuestro país[5].

Yolanda Domínguez, Registro

Las obras presentes en esta exposición nos hablan de resistencia. Todas ellas escenifican una forma de resistencia que se opone a las violencias machistas a través de la reacción buscada en la mirada del espectador y de la espectadora. Sus obras no nos dejan indiferentes. Nos hablan de ruptura ante la mirada masculina, pero también nos enfrentan a lo real, motivo por el cual nuestra mirada se inquieta, por ser todas estas obras respuestas rebeldes e inconformistas que entrañan un solo deseo: el deseo de abrir la boca. Tanto que la subversión, lamentablemente, para algunos o algunas, llegará a molestar.

 

La exposición puede visitarse hasta el 11 de diciembre en el Ayuntamiento de Fuenlabrada (plaza de la Constitución nº1)

 

 




[1] Citado por: Cardo, Horacio: “La violencia mundial contra las mujeres es ya otro holocausto” http://edant.clarin.com/diario/2006/04/10/opinion/o-01901.htm (24-11-2015)

[2] Ibídem. Citado por: Messuti, Ana: “La dimensión jurídica internacional del feminicidio”, Feminicidio. El asesinato de mujeres por ser mujeres, Atencio, Graciela (ed.), Editorial Catarata, Madrid, 2015, p. 38 

[3] Mulvey, Laura: Placer y visual y cine narrativo, Centro de Semiótica y Teoría del Espectáculo, Universitat de València, Asociación Vasca de Semiótica, Valencia, 1988, p. 5

[4] Butler, Judith: Marcos de guerra. Vidas lloradas, Ediciones Paidós, Madrid, 2009, p. 79

[5] La Ley Orgánica 11/2015, de 21 de septiembre modifica el régimen de consentimiento de las menores para la interrupción voluntaria del embarazo. Ahora, las menores de 16 y 17 años deberán tener el consentimiento paterno o de sus tutores legales para poder abortar.

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