Suscribirse a Sindicar
Chile: Arte y memoria histórica del femicidio en una exposición itinerante

El arte puede mostrar la violencia de género y el femicidio desde un lugar reparador. Es más, el arte como expresión popular y participativa ocupa un rol crucial en la construcción de nuevos imaginarios sobre la desnaturalización de la violencia de género y el duelo social por la pérdida de estas víctimas. 'Ofrendas Fotográficas contra el Femicidio en Chile' se acerca a este propósito. La experiencia coral de 12 fotógrafas y una muestra itinerante que está dando la vuelta por distintas ciudades del país sudamericano, acompañada de charlas, intervenciones y acciones artísticas, forma parte de la creación de un archivo fotográfico para la no violencia hacia las mujeres y ha ganado el premio Fondart Nacional 2015 de Chile. Entrevistamos a sus dos curadoras principales, Andrea Herrera Poblete y Gabriela Rivera Lucero

 El dedo de Jara lo cambia todo, intervención resultante de un taller impartido por Oriana Eliçabe (detalle)

Susana Godoy — Feminicidio.net — 02/12/2015

Colombia, Bogotá - Las chilenas Andrea Herrera Poblete y Gabriela Rivera Lucero son, además de fotógrafas y artistas visuales, las creadoras de “Ofrendas Fotográficas contra el Femicidio en Chile”, una muestra itinerantente que curaron con la asistencia de la curadora independiente Mane Adaro. Entrevistamos a las dos creadoras del proyecto que pretende ser un homenaje y una denuncia del femicidio y las violencias de género que llevan a la muerte a las mujeres en el país sudamericano.

La  exposición forma parte del proceso de construcción de un archivo fotográfico para la no violencia hacia las mujeres y ha ganado el premio Fondart Nacional 2015. Cuenta con la participación de 12 fotógrafas pertenecientes a distintas zonas del país (Gabriela Rivera Lucero, Andrea Herrera Poblete, Sumiko Muray, Pía Acuña, Marcela Bruna, Macarena Peñaloza, Mariana Gallardo Klein, Ximena Riffo, Jocelyn Rodríguez, Catalina Villanueva, Zaida González y Kena Lorenzini), que en la diversidad de sus estéticas y áreas de trabajo proponen otras maneras de representar la violencia de género y el femicidio respecto al imaginario oficial y mediático. La muestra, además, se complementa con acciones artísticas colectivas, intervenciones y charlas a cargo diferentes activistas y grupos feministas chilenos que luchan contra este tipo de violencias en diferentes territorios. Se inauguró el 16 de octubre en Copiacó, región de Atacama y actualmente se exhibe en Parque por la Paz Villa Grimaldi[1], en Santiago de Chile.

 

 Maternidades culposas, Gabriela Rivera Lucero

 

 

 

-Lo primero que llama la atención de la exposición es su título. ¿Por qué ofrendas contra el femicidio en Chile?

-G.R: Por una parte, surge para construir un homenaje a las mujeres víctimas de femicidio. Quisimos retomar la idea de dádiva que tiene que ver con hacer una ofrenda a nuestros ancestros pero, en este caso, para las mujeres que han sufrido esta violencia. Y hacerlo desde un acto amoroso, de homenaje.

-A.H.: Por otro lado, desde el acto de creación, no queríamos basarnos en el hecho autoral sino en la conexión con las mujeres. Tiene que ver con un sentido de dar; el proyecto es para los demás y en memoria de todas las mujeres que han muerto en caso de femicidio. Y para aquellas cuyas muertes no se han tipificado como tal porque en Chile el femicidio está solamente reconocido cuando existen relaciones amorosas entre la víctima y el victimario. No se toman en cuenta otros casos de femicidio ni el infanticidio.

 

-¿Qué las llevó a realizar este proyecto?

-G.R:  Andrea y yo nos conocimos en 2013 en un festival de fotografía de mujeres: FOCOM. Allí comprobamos que había temáticas que no se estaban tomando en cuenta, y una de ellas era el aumento de casos de femicidio en el país. Quisimos hacer algo desde nuestro medio, que es la foto, que fuera crítico y denunciara esa realidad.

-A.H.: En ese festival compartimos una mesa y empezamos a conversar. Después, a planear qué queríamos hacer a la distancia porque vivimos en distintas ciudades: Gabriela es de Santiago de Chile y yo, de Concepción. Decidimos invitar a otras fotógrafas y que fuera un proyecto colectivo.

-G.R: Incluimos a fotógrafas no solo del centro de Chile, de la capital, sino de otras regiones; del norte y del sur. Además, de distintas edades. Tratamos de ser lo más heterogéneas posible. También nos interesaba tratar distintas visualidades, por lo que incorporamos a fotógrafas que trabajaran desde lo documental, lo callejero a algo más metafórico ligado a las artes visuales.

 

-Ofrendas contra el Femicidio en Chile no es solo una exposición itinerante. ¿Cómo han planteado todo el proceso?

-A.H.: Nos dimos cuenta de que un tema tan importante como este tenía que tener otros espacios de visibilización aparte del museo, las salas de exposiciones o las publicaciones. Empezamos a planear cómo sacar la muestra al espacio público. Para nosotras era muy importante instalarlo en la calle a la vez que se montaba en distintos espacios de exhibición.

-G.R: Todo surge a raíz de la oportunidad de invitar a la fotógrafa Oriana Eliçabe, argentina radicada en España. Ella nos impartió un taller de acción fotográfica donde la idea era llevar la fotografía a la calle. Nos dijo que podíamos trabajar basándonos en alguna obra o dos para crear una obra en grupo. Por ejemplo, en el marco del 25 de noviembre, además de la exposición y la charla sobre la misma, ideamos una acción colectiva de bordado en Villa Grimaldi. Cuando estuvimos en Copiapó también hicimos otra obra colectiva a partir de una individual de Ximena Riffo, que trabaja la lesbofobia. Van surgiendo cada vez diversos espacios y distintas cosas. Se parte de una planificación, pero cada contexto nos lleva a abordar ciertas cuestiones que nos parecen apropiadas. Por ejemplo, en el caso que mencionaba de Copiapó, en el norte del país, nos parecía interesante abordar el tema de la lesbofobia porque apenas se trata, ya que es una zona muy conservadora.

-A.H.: Desde el principio, como parte de la planificación del proyecto, se ideó el conectarse territorialmente con distintas agrupaciones de mujeres activistas que estuvieran tratando el asunto del femicidio. En el caso de la exhibición de la muestra en Copiacó invitamos al Círculo Las Morganas, grupo feminista de muchos años, muy activas, muy power. En cada muestra organizamos una charla. A Las Morganas,  además de participar en la charla, las invitamos a hacer parte de las intervenciones y les traspasamos las herramientas que aprendimos en el taller. Por ejemplo, el poder hacer gigantografías con un programa que resulta más económico. La idea de compartir está muy presente en el proyecto.

 

Lesbofobia, Ximena Riffo 

 En Copiacó con el Círculo Las Morganas

-¿En qué espacios han mostrado las ofrendas y en cuáles se van a seguir itinerando? ¿Eligen los lugares de exhibición por algún significado en particular?

-A.H.: Cada vez van saliendo más espacios. Pero principalmente quisimos empezar con el norte porque es un territorio más olvidado, como dejado de lado por las autoridades, y un lugar donde hay muchos casos de femicidio. Hay casos de femicidio que tienen que ver con el propio territorio. Allá hay muchas mineras. Los hombres tienen camionetas de grandes dimensiones. A través de la camioneta se genera mucha violencia: desde que te griten en la calle hasta el último caso a principios de año que dio pie a la obra dentro del proyecto de Pía Acuña, en el que una joven fue atropellada dos veces por su pareja.[2]Para nosotras era importante conectar estas geografías. Desde el Centro Cultural Atacama de Copiacó la muestra se ha llevado a Santiago de Chile y luego la vamos a trasladar a Concepción. También nos han invitado a Curicó, al sur de Santiago, y estamos viendo otros lugares. Uno de los objetivos es poder sacarla fuera de Chile a otras zonas de Latinoamérica para así ir conectándonos con otras artistas y activistas. Ya hemos postulado para el Centro de Fotografía de Montevideo.

-G.R: Los espacios sí tienen una significación. Por ejemplo, en el caso de Villa Grimaldi, donde se está exponiendo en Santiago[3], lo seleccionamos porque fue un centro de detención y de tortura durante la dictadura en el cual se ejerció delito de violencia sexual contra las mujeres[4]. Y lo que nos pareció interesante es que después se renovó y se reestructuró como un lugar de memoria donde todo se trata, desde el empoderamiento a la sanación. El espacio tenía esa mirada que nos interesaba. A pesar de toda esa vivencia dolorosa, se reactiva a través de la denuncia y la fuerza.

 

-¿Qué relevancia ha tenido para ustedes la vinculación a activistas y profesionales que trabajan el femicidio tanto en el proceso creativo como en el desarrollo del proyecto?

-A.H.: Cuando iniciamos la investigación nos contactamos inmediatamente con la Red Chilena contra la Violencia hacia las Mujeres. Es una red muy importante en todo el país que hace estudios alternativos a la oficialidad. En ese sentido, nos enriqueció mucho el poder conocer sus investigaciones. Nos empezamos a enterar de las distintas formas de conceptualizar el femicidio. Ahí nace la apertura de trabajar no solamente casos que fueran femicidios vinculados a las relaciones amorosas, que es lo que se difunde en los medios acá. Eso fue muy importante para empezar nuestras conversaciones colectivas con las fotógrafas y para plantear el proyecto.

-G.R: A todas nos ha cambiado y enriquecido nuestro proceso de trabajo el haber estado conectándonos con activistas. Nos ha hecho reflexionar sobre la obra de otra forma. La ha potenciado para que sea más crítica aún y no solo permanecer en la esfera cerrada del arte elevado.

 

-¿También han tenido contacto con sobrevivientes de femicidio o con personas allegadas a las víctimas mortales?

-A.H.: En algunos casos, sí. Cuando iniciamos el proyecto pensamos si tomar casos concretos de la vida real o temas específicos. Ha habido casos que trabajaron algunas fotógrafas que sí incluyeron el hecho de estar en contacto con mujeres víctimas de violencia o con los familiares de ellas. En el fondo, cada una de las propuestas viene de una investigación y sí fue necesario relacionarse estrechamente con las mujeres y su entorno.

-G.R: Hay una cosa muy importante también, y es que las obras se abordan desde lo biográfico. Eso estructura también el método. Ahí va surgiendo con quién investigar y con quién no.

 

-Si nos fijamos en las obras[5] podemos comprobar una gran diversidad de temas y formas distintas de violencia incluso previas al femicidio. Expliquen esta característica de la muestra. ¿Por qué no solo han abordado el hecho del femicidio?

-G.R: En realidad, el proyecto parte de la intención de crear un archivo visual sobre la violencia hacia las mujeres. Lo hemos llamado: “Ofrendas Fotográficas. Archivo por la no violencia a las mujeres”. Parte de la consideración de la violencia general hacia a la mujer, y eso, obviamente, nos llevó al femicidio. Como comentaba antes Andrea, al ir investigando sobre las discusiones en torno a la conceptualización del femicidio/feminicidio y la falta de dimensionamiento por parte del Estado de todas las tipologías y complejidades sobre ello, quisimos ir más allá y abordar, por ejemplo, el castigo femicida donde no solo se mata a la mujer, sino a los hijos de la mujer. O lo que plantea Andrea: el suicidio femicida donde no hay un victimario concreto, sino que una misma decide quitarse la vida porque la sociedad te violenta y el Estado no te protege. O el tema del aborto clandestino.

-A.H.: Queríamos denunciar que cada año aumentan las cifras de femicidio, pero que eso está netamente conectado con una cultura de la violencia hacia la mujer dentro de un sistema patriarcal. A medida que se fue gestando el proyecto no solo tomamos casos de femicidio consumado, sino también formas de violencia que llevan a las mujeres a la muerte. En las reuniones colectivas nos preguntábamos: “¿De dónde nace todo esto? ¿Por qué se está perpetuando? ¿Qué es lo que está pasando en nuestra sociedad que hace que cada vez ocurran más casos y que no sean condenados? ¿Que cada vez aumenten las violaciones y se naturalicen?”. De alguna manera ya había fotógrafas en el grupo que venían trabajando algunas líneas sobre esto y que tenían que ver con la denuncia al Estado, a las políticas judiciales, etc. Nos fuimos conectando y ampliamos lo que cada una quería abordar.

 3 veces Stephanía, Pía Acuña

 

-¿Cuáles han sido sus referentes artísticos tanto a la hora de producir las obras como del proyecto en sí?

-G.R: Hay varios referentes. Mane Adaro, nuestra asistente curatorial, en todas las reuniones nos ha mostrado muchos. Lo interesante es que la mayoría han sido latinoamericanos. Porque, en nuestra cultura, el arte está formado a partir de la visión occidental, europea y yanqui. Por, ejemplo, a mí me gusta mucho el trabajo de Libia Posada.

-A.H.: La obra de Ana Mendieta o Regina José Galindo, entre otras, han sido referentes. Hay gran diversidad de estéticas entre las fotógrafas, por tanto, los referentes son muchos. Desde lo propiamente fotográfico hasta distintas artes como la performance. Aparte de los referentes artísticos latinoamericanos, que casi todos son mujeres, también nos hemos fijado en noticias, casos concretos, acciones de activistas u otras agrupaciones en otros países. Constantemente estamos intercambiándonos información. Ligarnos a la actualidad ha sido muy importante para saber qué está pasado. Así, vamos mejorando y transformando las propuestas y las acciones en el espacio público. Finalmente, es un proceso en construcción.

 

-Y ¿en relación a las teorías feministas?

-G.R: Eso ha sido más complejo por varias razones y la diversidad de todas las componentes. Por un lado, muchas artistas prefieren trabajar desde la práctica y no tanto desde la teoría. Algunas sí hemos revisado textos clásicos de Simone de Beauvoir o Judith Butler. En mi caso, me interesan distintas líneas del feminismo, pero a otras compañeras, no. Prefieren hacerlo desde la praxis.

-A.H.: También hay que tener algo en cuenta: no todas las participantes del proyecto son feministas. Hay compañeras que son feministas, hay activistas y otras que no lo son; trabajan el tema de género, pero desde otra mirada. Sí considerando todo el tema del feminismo, pero no desde una militancia más activa de estar pendiente de las teorías feministas.

 

-Mane Adaro, en su texto curatorial de la muestra, nos lanza una importante pregunta: "¿Cómo desarmar las sutiles apariencias que alimentan la violencia, su discurso inserto y expandido culturalmente?" Para ustedes, ¿cuál es la función de las prácticas artísticas en este sentido? Y, concretamente, la del medio fotográfico.

-G.R: Cuando estuvimos en FOCOM nos dimos cuenta de que era muy necesario. Estábamos en este festival y muchos hombres lanzaban la pregunta: “¿Por qué están en este festival si ya no tiene sentido? Si las mujeres tienen trabajo igual que los hombres”. Pensamos que sí tiene sentido, claro, y que era necesario en este contexto de lo fotográfico porque, al menos en Chile, es un medio donde predomina la fotografía documental heteronormada. De cierta manera, a través de nuestra praxis fotográfica, teníamos la oportunidad de desarticular estos imperativos dentro de la foto y el mundo de las artes visuales. Era meternos en esta herida que cuesta mostrar.

-A.H.: Existe un vacío con los temas hacia la mujer. En los últimos años sí hay más artistas que están tocando estos asuntos, como es el caso de Cristóbal Olivares, fotógrafo chileno que ha trabajado el tema del femicidio. Pero para nosotras era importante poder trabajar desde una mirada nuestra, como mujeres. Cuando empezamos a plantear el proyecto pensamos en el hecho de invitar a fotógrafos a ser parte del mismo, pero nos dimos cuenta de que existía esa negación que mencionaba Gabriela. Ahora se habla de que todos somos iguales, que tenemos trabajo por igual, y que no hay discriminación. Pero sí, todavía siguen existiendo en nuestro mismo medio prácticas que vienen de una cultura machista donde estos temas no son abordados por muchos. También es consecuencia de vivir tantos años en la dictadura y la desarticulación cultural crítica que se dio en el país por ese motivo.

 

-Respecto a la representación artística y mediática del femicidio y la violencia de género, ¿qué aporta vuestro proyecto? 

-G.R: Mencionábamos antes, por ejemplo, el trabajo de Cristóbal Olivares, que se hace desde una perspectiva más documental. Para nosotras cobraba sentido el proyecto porque íbamos a hablar desde nuestra misma carnalidad, siendo mujeres muchas veces violentadas. Sentíamos que así tenía mucha más significación. Además, este tipo de violencia se trata muy poco. A lo sumo una lo ve en las campañas oficiales del Servicio Nacional de la Mujer o en las de la Red Chilena contra las Violencias hacia la Mujer. Aunque la red es una plataforma muy respetuosa y bien interesante en su estética, nosotras queríamos llegar a otros lugares donde se vislumbraran fisuras y también estuviera presente la contradicción.

-A.H.: Nos dimos cuenta de que lo que queríamos mostrar visualmente partía de algunas metáforas y no con un sentido victimizante, sino de empoderamiento. En todo momento conversamos qué tipo de visualidad se le iba a dar a las obras. Sentíamos que caer en la victimización no iba a aportar nada a la discusión. Quisimos construir el proyecto con distintos recursos visuales que no solo se basaran en lo documental directo o en los retratos de las mujeres, sino también pensando en las distintas temáticas desde otras formas de leer el asunto con la idea de generar preguntas a los espectadores y que no fuera tan evidente. Pasa mucho que en las noticias o en los medios el tratamiento es muy frontal y pornográfico. No queríamos caer en eso, sobre todo teniendo en cuenta que el proyecto es una ofrenda, con el respeto que eso supone. Esta otra manera de acercarse a un tema tan sensible requería pensar más allá de las imágenes que se iban realizando.

 Memorial Instalación Femicidio de  Kena Lorenzini 

 

-En Chile, hasta donde ustedes pueden percibir, ¿cuál es el estado de compromiso del mundo del arte frente a la violencia de género y el femicidio? Me refiero sobre todo a artistas, colectivos, instituciones, gestoras y gestores culturales.

-G.R: El panorama es bien interesante porque es diverso. Por un lado, si te conectas con activistas, hay un espacio de solidaridad, ayuda mutua y denuncia todo el tiempo. Algo bello que sucede dentro de todo este asunto tan monstruoso. Y, por otro lado, en la institucionalidad todavía falta abordar estas temáticas. Si bien es cierto que se han hecho algunos aportes que antes no existían, creo que todavía estamos en pañales en términos oficialistas y de gestión cultural. Se da mucho el miedo a tratar estas temáticas que puedan ser consideradas como feministas o donde aparezca la palabra feminismo. Resulta aterrorizante. Se tiende a negar. Es un camino espinoso, pero a la vez hermoso, porque vas conociendo otras perspectivas con las activistas que están constantemente ayudándote y activando otros nexos de solidaridad; a diferencia del medio artístico oficial, que es más cobarde o temeroso.

-A.H.: Por lo que yo he visto, el mundo de la performance es el que toca los temas más políticos que tienen que ver con la violencia de género. Lo abordan más que otras artes visuales bidimensionales como la foto. Y, cuando se toca, son más las mujeres que los hombres. Hombres que trabajen estos temas, muy pocos. Además, se hace desde lo más underground, no tanto en lo oficial que sale en los medios masivos y vende. Chile tiene una situación artística particular que es consecuencia del desmantelamiento cultural de gestión popular ligada a los temas políticos que se llevó a cabo durante la dictadura. Ahora, buena parte del mundo artístico no pone atención en temáticas que tengan que ver con problemas sociales reales y actuales. El arte en Chile es académico porque finalmente todos los artistas salen de las universidades de Artes. Está más ligado a lo comercial y a ciertas modas visuales que a los contenidos.

 

-¿Qué impacto está teniendo en lo personal y en lo profesional para ustedes y el resto de fotógrafas tratar este asunto?

-G.R: En relación a mi práctica personal, ha servido para potenciar ciertos lazos que tienen que ver con el activismo y el cuestionarme dónde estar haciendo arte. Desde hace muchos años participo en las marchas del 25 de noviembre, el 8 de marzo o el 1 de mayo. Pero dentro de esa participación nunca había creado obra artística y ahora es imprescindible hacerla desde la visión de artista activista. Me he hecho más consciente de eso.

-A.H.: En lo profesional, por señalar algo en concreto, Macarena Peñaloza postuló su serie fotográfica al visionado de portfolios de PHotoEspaña y quedó seleccionada con su propuesta. Personalmente, el poder desarrollar proyectos políticos de denuncia colectivamente es un nuevo aprendizaje. Cuando estuvimos en Copiacó y coincidimos con Las Morganas aprendimos muchas cosas con ellas. Se van abriendo horizontes de por donde vamos haciendo, conectándonos y mostrando nuestro trabajo e ideas. Eso me pareció muy interesante. El taller con Oriana, de donde surgió El dedo de Jara lo cambia todo para denunciar el acoso sexual callejero, nos pareció maravilloso porque son distintos procesos de creación colectiva. Para mí, todo esto ha sido muy enriquecedor y ha hecho que sea más consciente de las posibilidades de poder trabajar de otras maneras transformando.

 

-Por último, las personas que se han acercado a ver la exposición y han participado en el resto de actividades que la acompañan, ¿cómo lo están viviendo? ¿cuáles son sus reacciones?

-A.H.: Quizás por el tema en sí, la gente llega con una idea preconcebida, pero cuando se encuentra con la propuesta del proyecto entiende de lo que se trata y las construcciones posibles desde el arte. En Copiapó, por ejemplo, que es un lugar donde la gente no está acostumbrada a ver exposiciones, estaban sorprendidos de cómo se podía visualizar el tema desde otros puntos de vista. Además, las acciones y las charlas han facilitado la comprensión del proyecto. Les ha permitido conectar con lo visual.

-G.R: El público queda bastante conmovido. Ha sido casi como terapéutico para algunas mujeres y, también, para hombres. De hecho, ha generado mucho contacto. La gente que ve las obras tiende a conversar y comunicar lo que siente. No ha sido un público pasivo.

 

 Trama inconclusa, Jocelyn Rodríguez

 

 




[1] El Parque por la Paz Villa Grimaldi es un monumento nacional que fue inaugurado en marzo de 1997 en el lugar donde funcionó el cuartel Terranova, más conocido como Villa Grimaldi, uno de los centros secretos de secuestro, tortura y exterminio más importantes de la dictadura militar de Pinochet. El monumento rinde homenaje a todos los caídos y torturados que pasaron por el lugar y a día de hoy es un lugar de memoria y de reflexión.

[2] Se refiere al femicidio de Stephania Morales Rivera, perpetrado en enero de 2015: http://www.diarioelregional.cl/2015/01/27/audio-sernam-presenta-querella-por-femicidio-de-stephania-morales-rivera/ Se han registrado otros casos de femicidio en la región del Atacama asociados a la minería que entrañan el uso de explosivos: http://www.latercera.com/noticia/nacional/2013/06/680-527153-9-femicidio-en-vallenar-fiscalia-habia-dispuesto-rondas-periodicas-al-domicilio-de.shtml

[5] Puedes descargarte aquí abajo el PDF con el dossier “Ofrendas contra el Femicidio en Chile” para ver las obras y conocer a sus autoras. En su página de Facebook podrás ver los lugares de itinerancia de la exposición y las actividades y acciones que se generan alrededor de la muestra. 

 

 

Países: 

Artículos relacionados

Añadir nuevo comentario

Geo Feminicidio