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Amparo Sánchez: "La mujer maltratada debe sentir sobre todo el abrazo de la sociedad"

Era una niña y el lobo se la quiso comer, pero Amparo Sánchez supo darle la vuelta al cuento y aprendió a amarse y a respetarse a sí misma para escapar de su propio infierno. La cantante y compositora, ex líder del grupo Amparanoia, ha necesitado casi treinta años para contar su historia de maltrato en La niña y el lobo, un libro escrito con intención de ayudar a otras mujeres a prevenir y salir de este tipo de relaciones violentas, pero también para contribuir con su granito de arena a construir una sociedad más justa e igualitaria.

 

 

 Carolina Galera - Feminicidio.net - 30/12/2014

 

España, Madrid - Se encuentra en plena gira de promoción: acaba de sacar disco, Espíritu del sol, y continúa presentando allá por donde va La niña y el lobo, que salió a la venta el pasado mes de septiembre. El libro ya se ha editado en Argentina y Uruguay, y ha cedido los derechos para su traducción al francés. También se tenía que haber publicado en México, "aunque allí se trabaja con otro ritmo, pero saldrá pronto", dice esta mujer que se autodefine "nómada y valiente", como canta en el primer single del que es su tercer disco en solitario.

 

Las letras de sus canciones contienen un poso autobiográfico que, ahora que conocemos lo que pasó, cobran mayor significado. Versos en los que anima a vivir el hoy y el ahora, a no tener miedo y a buscar el poder en tu interior. Hablan en realidad de una chica de 15 años que, tras quedar embarazada de su hijo Sergio —"mi ángel", al que dedica el libro—,  sufrió durante años la violencia machista. "Es verdad, me lo dice mucha gente", reconoce. La música y la posibilidad de subsistir gracias a ella fueron determinantes para superarlo.

 

- Quería felicitarla por escribir este libro, pero sobre todo, por el título, "La niña y el lobo", un gran acierto para explicar su historia.

Fue mi madre la que me dio el título sin quererlo. Cuando estaba con el proyecto y le conté que estaba escribiendo un libro me dijo: "mira lo que llevo en la cartera desde hace cuarenta años, tu primer cuento" y me sacó una nota que sale fotografiada en el libro, el primer cuento que escribí de pequeña en la máquina de escribir de mi padre y que se titulaba La niña y el lobo. Siempre, desde chiquitita, me gustó escribir.

 

-¿Cuándo y por qué decide publicar este libro?

Hace tres años, una amiga, que en el libro aparece como Susana (mi mejor amiga del colegio) y que trabaja contra la violencia de género, me recordó que yo había pasado por ahí y que se necesitan casos de superación para ayudar a otras mujeres a salir de esa situación y mostrar este problema como lo que realmente es, ya que lo que se cuenta a través de los medios de información no es real. Pero, además de un ejemplo de superación, puede serlo también de prevención porque en las relaciones de este tipo aparecen señales desde el principio que tenemos que aprender a identificar para huir y no llegar a situaciones de violencia física nunca, aunque hay otras violencias que aparecen muy pronto. Y sobre todo, a gente que ni sufre violencia de género ni puede imaginar cómo es (como esos hombres que no pueden sospechar cómo otro hombre es capaz de atacar y herir a una mujer), quería acercarles a cómo nos sentimos las mujeres que hemos sufrido maltrato, a cómo la culpa, la vergüenza, el miedo te encierran y, hasta que no empiezas a amarte a ti misma, no puedes salir. Y en esas salidas hay muchas recaídas, no es una luz que se ilumina y al día siguiente ya has arreglado el problema; lleva tiempo, etapas, caídas, levantarse...

 

- En un primer momento rechazó la propuesta porque le resultaba difícil desnudarse ante las personas que la quieren y mostrarles lo mucho que había sufrido, pero debió serlo mucho más teniendo en cuenta que también tendría que explicárselo a su propio hijo, hablarle de lo que hizo su padre.

Para mi hijo fue una fuente de información. Él no sabía mucho de la historia, tampoco se atrevía a preguntarme y el libro le ha servido para darse cuenta de que yo estaba muy enamorada de su padre y que, lo que empezó como una relación de amor, que además para mí fue mi primer amor, acabó en una relación que no era buena, que yo no quería ni para él ni para mí. Y también para saber cómo lo hicimos juntos; él era muy pequeño cuando llegamos a Madrid en unas condiciones económicas muy duras, y luchó conmigo. También es su historia. Está muy orgulloso y siempre me ha motivado para que lo editara y compartiera mi historia para ayudar a otras mujeres. Pero, claro, me dolía que lo leyera mi madre que de alguna manera siempre miró hacia otro lado, por su cultura o por su manera de ver la vida, y que lo leyera gente que me quiere mucho y que le sabe mal enterarse de que he sufrido de esa manera. Pero todos tenemos en nuestras vidas experiencias dolorosas que nos hacen más fuertes, y saber que has salido de ahí y que lo has superado, te da muchísima más fortaleza interior. He querido compartir esto para ayudar, para visibilizar, para aportar un grano de arena a la lucha contra la violencia hacia las mujeres y afortunadamente todo el mundo me ha apoyado porque sabían cuál era el objetivo.

 

- Llama la atención el trato amable con el que aborda el tema al explicarle a su hijo que su padre no puede vivir con ustedes porque está enfermo, e incluso el cariño que demuestra hacia él pese a todo lo que le hizo, incluso intentó ayudarle para que se desenganchara de las drogas.

 Lo que había por mi parte era un enganche psicológico muy fuerte; fue mi primer amor, el padre de mi hijo, la persona con la que tuve mi primer grupo de música, quien me regaló mi primera guitarra, mi primer equipo de sonido para grabar y, sobre todo, quien me regaló a mi hijo. Agradecimiento siempre, perdón también. Llegó un día en que sentí que le había perdonado y que le deseaba que tuviera una vida feliz y plena, no le guardo ningún rencor. Desde luego, el libro está escrito con mucho respeto a todos los personajes que aparecen y en concreto a él.

 

- En un momento del libro narra que un día estuvo a punto de contárselo a su madre y se echó para atrás. Cuesta mucho comprender cómo una víctima de maltrato no es capaz de contarlo a sus seres más queridos y pedir ayuda.

Pues sí, sientes mucha vergüenza y, en el caso de mi hermana, ella siente también mucha impotencia por no haberse dado cuenta de mi tristeza, de que siempre estaba teniendo accidentes raros que marcaban mi cuerpo, y por cómo ella no pudo salvarme porque no le conté lo que me estaba pasando. Pero realmente cuando estás en una situación así, hablar cuesta muchísimo, cuesta mucho primero reconocerlo y, una vez que lo reconoces, piensas que si lo cuentas van a sufrir por ti, qué le harán, qué pasará, por qué  no tengo la fuerza de involucrar a más gente en esto que me está pasando. A mí me ayudó más gente externa, a la que sí me atreví a contarle lo que me pasaba, pero sobre todo me ayudó mi diálogo interior, amarme, respetarme, valorarme y repetirme que yo no me merecía esa vida, que no tenía la culpa y que quería una vida mejor para mi hijo y para mí. Es el mensaje: nadie puede ayudarnos más que nosotros mismos.

 

- ¿Y cómo se vence el miedo?

Hace falta tiempo y hace falta también tener tus propios recursos económicos. La economía te da mucha libertad. Si a eso le sumamos que yo he podido pagar mis facturas y vivir de un trabajo que es mi pasión, la música... Para mí fue un camino lento pero seguro, un paso firme. Y la verdad es que fue cerrar esa etapa de mi vida y empezar una nueva. Y eso ya me ha pasado otras veces. Cuando cerramos algo y empezamos otra cosa, algo más bueno puede llegar.  Hay que salir del miedo, el miedo te paraliza, te hace sentir menor. Vencerlo es dar pequeños pasitos con valentía y muy rápido ves la respuesta del universo, de la gente del entorno. El cambio viene desde dentro y hay que romper el miedo desde dentro.

 

- Acabamos de conocer las cifras de este año sobre violencia de género y son devastadoras. ¿Qué le parecen las políticas actuales y las promesas de los partidos ante las próximas elecciones? La Junta de Extremadura ofrece 400 euros mensuales a las mujeres que sufren maltratos, Pedro Sánchez promete funerales de Estado para las víctimas de la violencia de género...

Tenemos una buena ley que, desde luego se puede mejorar, pero es una herramienta bastante poderosa. Faltan recursos, que se siga invirtiendo en políticas de igualdad y que sea una prioridad en la agenda política del país. Hemos visto el revuelo que ha tenido a nivel de medios de comunicación el asesinato de un hincha de un equipo de fútbol. Si hubiera esa intensidad mediática cada vez que asesinan a una mujer, hubiera ese debate y se pidieran refuerzos, responsabilidades, ya no sólo al Estado sino también a la sociedad en general... Si todos tomáramos conciencia de que es un problema que tenemos que resolver sobre todo porque nos afecta a todos, que no existen estereotipos, que se quedan niños huérfanos... No tenemos que llegar a funerales de Estado, tenemos que llegar a la igualdad, a imponer penas más duras a los maltratadores, y a que se cumpla la ley. Que esas mujeres se sientan protegidas a nivel económico, reciban apoyo psicológico y, sobre todo, que sientan el abrazo de la sociedad, ellas no son las culpables y muchas veces se las culpabiliza. Hay que seguir invirtiendo en políticas de igualdad, recursos para estas mujeres, que puedan acceder al mercado laboral y rehacer su vida. Hay que ayudarlas a realizar sus proyectos y sueños si los tienen, porque no todo es buscarles un trabajo.  Trabajar en lo que te sirve para realizarte como persona, como fue mi caso, también puede ser un camino para salir. Eso hay que fomentarlo también para tener una sociedad más feliz y más igualitaria.

 

- ¿Cómo se explica la presencia del maltrato en el mundo de los adolescentes, criados en una sociedad supuestamente más igualitaria?

Hacen mucho daño los mensajes que se lanzan en la publicidad, medios de comunicación, cine, muchos tipos de música. Hay unos patrones de amor romántico con los que tenemos que acabar. Tenemos que fomentar las relaciones en libertad, en respeto, en amor, en compañerismo. Dejar de ver ya el amor como un sufrimiento, una sumisión, y que todo es posible y todo vale por amor. Hay que cambiar esa mentalidad, los niños desde pequeños tienen que ver que las mujeres están en puestos de poder al igual que los hombres, que deciden juntos. Tiene que ser una igualdad real: que ganemos lo mismo, que tengamos las mismas oportunidades y las mismas  ayudas si tenemos las cargas de los hijos. Tienen que cuidarnos porque somos las madres las que parimos, las que damos a luz, las que criamos, cuidamos, trabajamos en casa y fuera de casa. La verdad es que tenemos también muchos hombres apoyándonos. Tener una sociedad más igualitaria sería buenísimo para todos, también para los hombres porque tienen que reprimir sus sentimientos, su sensibilidad, no pueden disfrutar enteramente de su paternidad, se sienten los responsables del destino de la familia. Tienen una carga en los patrones masculinos muy fuertes que hay que aligerar, compartir y llevar juntos. Sobre todo hay que trabajar para la igualdad cada uno desde su campo: en la familia, en las escuelas y en los mensajes que se mandan desde los grandes medios.

 

- ¿Sigue siendo machista el mundo del rock?

Por supuesto. Creo que el único mundo no machista es el de las organizaciones feministas. Vivimos en un patriarcado, es increíble. Seguimos siendo muy pocas mujeres, tanto cantantes como instrumentistas, técnicas de sonido. En la música las mujeres sobre todo trabajan en producción, que lo hacen muy bien, claro, podemos hacer tantas cosas a la vez que hay productoras maravillosas. Pero en el lado artístico seguimos siendo muy pocas en comparación con ellos y hay mucho que hacer también mucho en el mundo de la música respecto a ese tema.

 

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