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“Nos duele que la palabra puta haya sido utilizada siempre como un insulto”

La Marcha de las Putas se celebra desde 2011 en distintas ciudades del mundo para denunciar todos los tipos de violencia que sufren las mujeres. En Ecuador, la Marcha de las Putas ha logrado convertirse en un espacio de encuentro y activismo de mujeres, hombres y personas de la diversidad sexo-genérica comprometidas en acabar con una lacra que seis de cada diez mujeres del país viven en algún momento de sus vidas

 

Mª Cruz Tornay - Feminicidio.net - 16/05/2014

La apropiación de la palabra “puta” como nombre y no como insulto se produjo después de que las participantes en la marcha identificaran que, cada vez que habían sido llamadas putas, lo fue como respuesta y castigo a cualquier acto de libertad y decisión sobre sus cuerpos. La coordinadora de la Marcha de las Putas en Ecuador, Ana Almeida, llega a la entrevista con Feminicidio.net después de visitar en la prisión de mujeres a una compañera de 19 años acusada de terrorismo por insultar a un ministro durante una protesta. En el momento actual, la toma de los espacios se ha convertido en un reto para las activistas en un país que, a pesar de la transformación social, mantiene la tutela sobre el cuerpo de las mujeres.

 

- ¿Qué significa la Marcha de las Putas?

-Es una idea loca de denunciar la violencia de género y de sacar al feminismo de la especie de cueva mala. Es una posibilidad política de juntar a varias gentes, mujeres, hombres y personas de la diversidad sexo-genérica para enfrentarnos a la violencia de género, pero sobre todo para repensar el feminismo.

 

- La Marcha de las Putas se celebra en distintas partes del mundo, ¿cuál es la particularidad de la marcha en el contexto de Ecuador?

-Llevamos tres años organizando una marcha en Quito que se hace entre marzo y abril. Se está convirtiendo en una organización que aglutina a muchas personas de todo el país y también extranjeros que se suman. Se trata de organizar una marcha en una fecha específica que denuncia la violencia de género, pero, a diferencia de otras marchas en otras partes del mundo, sobre todo decimos sí a la libertad estética y sí a la libertad sexual. Ninguna marcha hace esta reflexión sobre la libertad estética. Para nosotras es muy importante porque Ecuador es el único país en el mundo que en su Constitución, aprobada en 2008, reconoce la libertad estética como un derecho.

- Aparte de organizar la marcha, organizamos durante todo el año actividades que apuntalan mucho los temas. Tenemos un manifiesto con seis puntos y trabajamos actividades, talleres, conversatorios, cineforos… La idea es llevarlos siempre al espacio público, como las actividades por el 25 de noviembre y otras acciones performáticas en el espacio público.

 

- En un país en el que instituciones patriarcales, como la iglesia, mantienen todavía gran influencia, ¿qué ha supuesto salir a la calle llamándose “putas”?

- A pesar de que somos un Estado laico, parece que no se respeta desde las autoridades. Tenemos una Constitución avanzada en muchos temas, pero con políticas restrictivas en la vida cotidiana. Ha sido complejo, difícil, pero también era la forma de arriesgarnos a hacer un activismo más incluyente, diverso, distinto… Fue un reto llamarnos Marcha de las Putas, sobre todo al principio. Logramos hacer una politización. Lo que hicimos fue una resignificación de la palabra “puta” como un insulto. En las primeras reuniones empezamos a decir por qué nos duele tanto esa palabra. Nos duele tanto porque esa palabra ha sido siempre utilizada como un insulto, pero es un insulto que ha tenido que ver siempre con la libertad sexual y otras libertades, por cómo nos vestimos, con quién andamos, qué forma de vida queremos tener…

- Organizando la primera Marcha de las Putas, nos hicimos la siguiente pregunta: “¿Por qué nos dicen putas, si no todas somos trabajadoras sexuales?”. Dijimos, que levante la mano a quien no le han dicho puta alguna vez. Todas levantaron la mano, y empezamos a decir por qué nos habían dicho putas. Una señora contó que su marido le dijo puta porque se hizo una ligadura después de tener cinco hijos, y él le decía que se hacía la ligadura para ir con otros hombres. Otra chica decía, “a mí me dicen puta cuando me pongo una minifalda y me voy a un bar; a mí me dicen puta porque no quiero ser madre…”. Comenzamos a encontrar que la palabra se utiliza como castigo para cualquier acto de libertad que las mujeres tenemos con nuestro cuerpo y nuestra vida. Entonces la reflexión fue: "si ser libre es ser puta, nacimos con vocación". A partir de ahí empezó un empoderamiento y resignificación de la palabra. Porque se ha utilizado tanto para denigrarnos, pero también para asustarnos, y como estrategia feminista le vamos a quitar el poder de que el otro me diga, y por tanto me humille. Si yo le quito el poder al otro del insulto, me emancipo sobre esa idea de por qué soy una puta. Comenzó a salir la cuestión de “positivamente puta”, “libremente puta”. Una serie de acepciones que nunca se habían utilizado.

- Por otro lado, siempre nos dicen putas cuando detrás hay un tema de juzgar la sexualidad de las mujeres, porque para hablar de la sexualidad libre de los hombres, existen palabras en positivo, pero para las mujeres no hay ninguna. Si ejerces tu libertad sexual eres puta, zorra, guarra… Desde el lenguaje hay todas estas trampas patriarcales para dividirnos a las mujeres en las buenas -las decentes-, y las putas.

- Es una reflexión política, feminista, que se atreve a usar cosas fuertes para decirle a la sociedad. La sociedad no debería espantarse con una palabra fuerte como es la palabra puta, en cambio, sí debería espantarse de los niveles de violencia que vivimos todos los días. En Ecuador se hizo una encuesta en 2010 para determinar la situación de violencia de las mujeres y se determinó que 6 de cada 10 mujeres han sido víctimas de algún tipo de violencia, y que 1 de cada 4 hemos sido víctimas de abuso sexual.

 

- ¿Cuál ha sido el impacto logrado en estos tres años?

- Después de tres años hacemos un balance súper positivo. Sumando en las tres marchas hemos logrado convocar a unas 15.000 personas. En la primera pensamos que sería un éxito si lográbamos juntar a 50 personas porque estos temas no interesan a nadie. Cuando hablamos de feminismo la gente se espanta, piensan que vamos a matar a los hombres, que todas somos lesbianas… En la primera fuimos 3.500 ó 4.000 y cada vez se suma más gente. Hay muchas personas de la diversidad sexual que participan, que se integran para decirle no a la violencia de género. Cada año hay más cantidad y calidad en cuanto al discurso. El discurso que estamos posicionando, de no a la violencia de género, sí a la libertad estética, a la libertad sexual, a plantear el feminismo como una posibilidad a la que no hay que tenerle miedo, sino apoyar, va calando entre hombres, mujeres y personas de la diversidad sexo-genérica que no tiene una formación feminista, que se solidarizan con la violencia con las mujeres y contra las trans.

 

- ¿Por qué da miedo hablar de feminismo en Ecuador?

- Porque el mismo sistema machista y patriarcal tiene unas estrategias fantásticas para deslegitimar el trabajo sostenido de hace mucho tiempo atrás, para deslegitimar la filosofía del feminismo. El feminismo es una hermandad que permite cambiar muchas cosas y por eso se trata como si fuera una cosa perversa o que es lo contrario del machismo… No, el feminismo no es eso. El feminismo no ha matado a ningún hombre, y las prácticas y actitudes machistas matan todos los días, y nos matan sin pena ni gloria y en todo el mundo.

 

- ¿Cuáles son los desafíos de la Marcha en el momento actual que vive el Ecuador?

- Seguir posicionando estos temas para que se traten sin tanto perjuicio, romper el prejuicio sobre la práctica feminista, incluir a más personas y que la diversidad sexo-genérica se sienta incluida en una filosofía que lo que hace es buscar la igualdad para todos y todas. El desafío es ver qué herramientas utilizamos ahora, cómo hacemos para ese discurso en la práctica concreta le llegue a alguien más. Que la gente confíe, participe, crea y se autocritique y vaya cambiando condiciones de desigualdad. El desafío es tener la capacidad de encontrar siempre estrategias creativas, para que se vea que la lucha del feminismo en una cosa linda, irreverente, subversiva, pero con mucha capacidad de no ser una lucha de amargadas, de gente que odia, sino de gente con alegría. Es algo que utilizamos en el lema de la marcha este año: “Nuestra mejor venganza será la alegría”.

 

- Como Marcha que aglutina a mujeres, hombres y personas de la diversidad sexo genérica, ¿qué temas entran en vuestra agenda feminista para representar a esa heterogeneidad?

- Es un momento complejo, donde hemos tenido una especie de revés político, donde las actuaciones de quienes nos gobiernan son actuaciones que se van más a la derecha que a la izquierda, hay mucha imposición y mucha intolerancia a ciertos temas, como discutir los temas de género. Hay un código orgánico integral penal aprobado que es súper restrictivo, si bien se logró que se penalice el feminicidio como figura, en cambio no se despenalizó el aborto. En Ecuador el aborto es delito, excepto en dos casos, cuando corre peligro la vida de la madre y cuando el embarazo es consecuencia de una violación de una mujer con discapacidad probada, una barbaridad absoluta. Hay una posibilidad de seguir pensando cómo vamos a aprobar un código organizado de salud, donde podríamos tener un espacio para en un futuro pensar en la despenalización del aborto. El gobierno tiene un discurso extraño, por un lado posiciona todo el tema de la violencia de género, pero por otro lado sus prácticas son absolutamente violentas, que van en contra de todos y todas. Nosotras hacemos incidencia política en la Asamblea Nacional, nos interesa que se siga posicionando el tema de la violencia, el tema del acoso en el transporte público… Hay muchos temas en los que pensamos seguir incidiendo, pero hay uno fundamental que es el de la formación política para gente más joven.

 

- La denominada Revolución Ciudadana ha supuesto una transformación del país. ¿Qué ha significado para las mujeres?

- Desde el proceso de la Revolución Ciudadana el país cambió muchísimo, a bien.  La dirección, por otro lado, no es por la que nosotros habíamos apostado y por la que dimos nuestros votos. Es un país que no es el mismo de hace 20 años, ha habido un cambio de mentalidad impresionante y son cosas muy positivas. Antes teníamos un país del que nos avergonzábamos, del que queríamos salir corriendo, con unas inequidades e injusticias de otro mundo, no creíamos absolutamente en nada, y la mitad de la gente prefería ser colonia norteamericana. Eso ha cambiado mucho. Hubo un proceso de empoderamiento social, hay campos donde el avance es abismal y significativo, como el tema de infraestructuras muy bien desarrolladas... Tienen intenciones buenas, pero en lo concreto, cuando se trata de que a las mujeres se nos dé la posibilidad de no tutelarnos más en cuanto a las decisiones sobre el cuerpo… Ahí sí ya no.

- Sí hemos avanzado: hay una clase media con mayor capacidad adquisitiva, el acceso a la vivienda ha sido impresionante, algo que antes era impensable, pero cuando se trata del pasito más que se dé… Ahí no. Lo que termina primando es una visión de país de una persona que tiene unos conceptos y preconceptos súper conservadores, cristianos, adorador del papa y de los santos. Correa es el presidente que más veces ha ido al Vaticano, sin importarle que seamos un país laico y que todo el tiempo nos restriega en la cara que todo se hará bajo su moral, su criterio y conservadurismo, porque si es que pasa un sólo tema de decisión de soberanía del cuerpo de las mujeres, abandona el poder. Nos tienen en un chantaje político que en otras épocas no habíamos tenido. Hay mucha persecución, mucho abuso de poder, se criminaliza la protesta social. La situación que está pasando con unas de nuestras compañeras es el peso del poder sobre una muchacha de 19 años, que estaba en solidaridad con presos que iban a ser trasladados sin tener condiciones humanas y ha terminado en prisión acusada de terrorismo.

- Nos quieren seguir tutelando. El cuerpo de las mujeres es algo en lo que el Estado y la iglesia están profundamente metidos, y, jurídicamente, legalmente y socialmente, no tenemos soberanía sobre nuestros cuerpos.

 

- Ha mencionado que actualmente existen una persecución y criminalización de la protesta en el país, ¿qué significa eso como activistas que toman los espacios públicos?

- Que tenemos que ser cada vez más precavidas y pensar en todos los elementos para darnos seguridad a nosotras y a la gente que viene cuando convocamos una acción. Cada vez se vuelve más complicada la actuación, pero no podemos ser irresponsables con la gente que cree en nosotras, hay que pensar más antes de actuar. Quien nos está vigilando y controlando es un Estado represor y tienen por consigna no pasar nada que pueda ir en contra de  la seguridad del Estado, y eso ahora significa cualquier cosa. La situación es súper complicada y por eso estamos pensando mucho hacia adentro, para seguir luchando hacia afuera.

 Manifiesto: www.plataformaputa.org

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