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“La memoria histórica de las mujeres es fundamental para avanzar en nuestras reivindicaciones”

Debido a la reciente publicación de su compilación de ensayos “Mujeres bajo sospecha. Memoria y sexualidad (1930-1980)”, entrevistamos a Raquel Osborne. La académica hace un repaso de las sexualidades disidentes de las mujeres durante la dictadura franquista y nos muestra la necesidad de que indaguemos en un pasado que aún sigue siendo silenciado e invisibilizado

 

 

 

Noemí García Cabezas / Fotografía y vídeo: Francisco Gatica – Feminicidio.net – 23/05/2012

El próximo viernes en el Museo Nacional Reina Sofía de Madrid se presenta el libro “Mujeres bajo sospecha. Memoria y sexualidad (1930-1980)”. La obra es fruto de una labor de documentación, investigación y análisis que ha durado más de tres años. Han participado en este trabajo una veintena de autoras y autores que cubren desde distintos espectros, hasta llegar a la transición española, las sexualidades disidentes de las mujeres bajo el franquismo.

 

Aprovechamos el lanzamiento de “Mujeres bajo sospecha” para entrevistar a Raquel Osborne que además de compiladora de la obra, es una académica feminista de larga trayectoria y activista comprometida con este tema. Raquel nos recibió ayer en su casa. Hablamos con ella de los temas tratados en el libro, pero también de otros que traspasando la línea del tiempo, se instalan de lleno en la actualidad en la que vivimos. 

 

 

- ¿Por qué le interesó reconstruir la memoria histórica de las mujeres en España? ¿Qué importancia tiene la construcción de esa memoria histórica para nuestro presente, siempre desde el punto de vista del sujeto feminista?

- En sentido amplio, la memoria histórica sería la memoria de todas y todos. Para variar, como en casi todos los terrenos de la memoria, la de las mujeres está menos hecha. Es verdad que la de los varones fue más amplia, más accesible y también diferente, quizás a veces aparentemente más dura que la de las mujeres.

 

La memoria histórica de las mujeres ha sido más invisible. Las mujeres sufrieron cárcel y ejecuciones, pero también parte de esa memoria la forma el hecho en sí de ser mujeres, de quedarse en casa y sostener el hogar, quedarse sin los hombres y ser culpabilizadas porque sus esposos estaban implicados en asuntos políticos contrarios al régimen…Todo esto hace que sea una memoria menos rastreable y por tanto también haya que reivindicarla con más ahínco, porque si no, se nos queda en la cuneta, nunca mejor dicho.

 

 

LAS BUENAS Y LAS MALAS

 

- ¿Por qué el régimen franquista se preocupó tanto por normativizar la vida de las mujeres y reforzar esa dicotomía entre mujeres buenas/santas por un lado y putas/malas por otro?

- El franquismo se construye como una negación del período anterior y de lo que había representado la II República. La República había sido un momento importante de condensación del cambio en España y de la situación de las mujeres en particular. Se había ido creando desde principios del siglo XX la idea de una mujer nueva, moderna, que ya no representaba la perfecta ama de casa.

 

El régimen se sustentaba sobre una especie de “regeneración de la patria”. Dentro de esta representación de la dictadura, las mujeres se convierten en el eje de la familia sobre el cual trata de asentarse el franquismo. La mujer es objeto del patriarcado pero también sustentador del mismo: el centro de todo es la familia y el centro de ésta es la mujer; la mujer es la que doma, la que obedece, la que representa la sumisión, la abnegación, la tradición. Todo esto propicia que se den los valores masculinos de heroísmo, virilidad, dominación. La mujer es el contrapunto necesario e imprescindible para que eso pueda ser.

 

 

- Vamos a hacer un repaso por los diferentes tipos de mujeres que aparecen en el libro. ¿Qué rol cumplían las mujeres buenas, aparte de las amas de casa, de las que ya hemos hablado?

- Gran importancia tenían las mujeres dedicadas a la vida religiosa. Las monjas cumplían distintos papeles, pero uno de ellos era central: eran educadoras de las élites femeninas en España. En aquel tiempo la educación pública no era tan relevante como ahora: no era universal. Quien quería tener un mínimo de educación tenía que pasar por un colegio religioso. Las monjas asumieron el rol de educadoras con el objetivo de hacer de las niñas que educaban futuras buenas mujeres, que luego serían las amas de casa. Pero también se ocupaba de este aspecto la Sección Femenina de la Falange: educadoras/politizadoras.

 

 

- ¿Qué papel jugó esta Sección Femenina de la Falange?

- Jugó el papel de domesticadoras: contribuyeron a la domesticación de mujeres para la nueva España. Esta organización tuvo una enorme habilidad para crearse un espacio fortísimo y muy amplio en la situación política española ocupando parte del espacio educativo y formativo de las mujeres. Esto hizo a la organización muy poderosa e intocable, convirtiéndose posiblemente en la institución más fuerte e influyente del franquismo, junto con la Iglesia Católica.

 

El papel de la Sección Femenina de la Falange fue por un lado de adoctrinamiento político de mujeres y por otro de promoción del papel sumiso de las mujeres dentro de la familia. En sus clases existía la asignatura “formación del espíritu nacional”, pero también tenían otras más centradas en el cuidado del hogar: labores de costura, o actividades como la de que a los 14 años tenías que haber hecho una canastilla para el bebé. Era algo terrorífico...

 

Además servía de cuña propagandística para el régimen: la buena cara la trataban de dar por ejemplo con los coros y danzas, interpretados por mujeres (aunque había papeles masculinos, los hombres no podían estar en esos grupos).

 

 

 

 

LAS LESBIANAS, LAS PROSTITUTAS Y LAS ROJAS

 

- Mientras por un lado se normativizaba la vida de las mayoría de las mujeres, hubo algunas que se fabricaron un mundo paralelo. ¿A qué se debió la construcción de esta paradoja de mujeres que vivían esa sexualidad al margen de lo establecido?

 

- Esas mujeres no vivían en una paradoja, simplemente utilizaban ese contrapunto cuando les resultaba necesario. En el libro hay un testimonio, el de una mujer que formaba parte de un grupo de lesbianas de la Barcelona de los años 40 y 50 (y posteriores). Esas mujeres lo que tenían eran estrategias de supervivencia, de funcionamiento. En semejante régimen construyeron toda una forma de vida alternativa para poder eludir y sortear las dificultades que el entorno ponía.

 

 

- Pero es cierto que quizás las mujeres lesbianas han estado históricamente más invisibilizadas que los hombres gais. ¿Por qué sucede esto? ¿Acaso eran menos peligrosas para el régimen?

 

- Habría posiblemente dos estrategias que se conjuntan: por una parte estaba la invisibilización y el silencio, que es una muy buena estrategia desde el poder para quitar lo que Dolores Juliano señala como “el peligro de la conducta alternativa”, el polo de atracción que puede suponer una serie de comportamientos no normativos llevados a cabo. Podría haberse dado una respuesta represiva, pero eso podía dar incitación a imitar un modelo que existe y que se ve. Sin embargo, para el modelo de la invisibilización, de la negación, no hay modelo a seguir ni conducta que se contagie.

 

Por otro lado se juntaron el hambre y las ganas de comer: las mujeres estaban deseosas y gustosas de no ser visibles, de pasar desapercibidas para poder ser, para poder vivir su sexualidad y su forma de vida. Había una elaboración de estrategias de ocultamiento para poder tirar para adelante. Esto se dio también a efectos de códigos lingüísticos, de jerga que se utilizaba para poder relacionarse y nombrarse sin que más allá de las interesadas supieran de qué iba. Era pues una estrategia muy buscada.

 

 

- ¿Cree que el alto consumo actual de la prostitución en España está vinculado al comportamiento que durante tantos años de régimen franquista tuvieron los varones a partir de la reclusión de prostitutas en los burdeles?

 

- La prostitución venía de antes, sólo que al final de la República se prohibieron los burdeles. El franquismo, entre otras cosas para oponerse a lo que había hecho la República, volvió a autorizarlos en la posguerra. Es algo que además va más con su ideología: tener lugares perfectamente estructurados para que los varones puedan acudir con toda tranquilidad.

 

Los burdeles eran lugares de encuentro, de pasar el día, pasar el rato, lugares “festivos” en definitiva. La prostitución era una parte más de la vida sexual de los varones. El régimen prefería la fórmula de los burdeles sin embargo había una gran cantidad de prostitución clandestina, la que no se encauzaba por ese lado, ya que no todas las mujeres que necesitaban practicar la prostitución cabían en ese formato. Había gran miseria y por tanto muchas mujeres solas que tenían que salir adelante y mantener a sus familias, por eso optaban por prostituirse. Esas mujeres se prostituían en las calles o en lugares clandestinos y eran claramente perseguidas. Sobre ellas caía la represión porque no era lo que el régimen quería.

 

¿De esos barros vienen estos lodos? No sé qué decir ya que parece que hay cierta continuidad. Había prostitución antes de la forma que fuera y hay prostitución ahora de la forma que sea, acorde con los tiempos. Ahora la prostitución tendrá otras variantes de las que podía haber entonces.

 

 

- Según su análisis a “las rojas” se las consideraba putas, degeneradas, sin moral ni pudor. ¿Cómo fue la represión del régimen contra ellas: había una estrategia de limpieza de género y persecución?

 

- Claro. La represión con los varones fue más sistemática, más extendida, más de exterminio y más numerosa, ya que también ellos eran más numerosos en cuanto a la participación activa en la guerra. Por parte de las mujeres se dice que más bien fue una estrategia ejemplarizante, más selectiva y por lo tanto con especificidades para las mujeres, muy sesgada por clase social. Hay una venganza clara de las mujeres de clase alta o media que se habían visto muy enfadadas por el cuestionamiento que por primera vez en la historia debieron sufrir durante la República. Durante la época de la República, por un lado se cuestionaba el papel de la mujer tradicional y poderosa y por otro lado hubo cierta insumisión de las clases populares y también de las mujeres contra el modelo de mujer y el modelo de clase social.

 

Las mujeres sufrieron una represión de cárcel, de fusilamiento, de persecución política directa, pero también recibieron una represión específica por ejemplo a través de los hijos o a través de sus propios cuerpos. Las mujeres rojas vivieron agresiones sexuales, violaciones, humillaciones, abusos de todo tipo, rapados de pelo y exhibiciones públicas. Se cebaron con ellas. Era una terrible humillación para las mujeres las mutilaciones de sus cuerpos.

 

 

 

 

LAS FEMINISTAS Y LAS REACCIONARIAS

 

- ¿Fue la represión contra las mujeres durante el régimen franquista un caldo de cultivo para el fortalecimiento del movimiento feminista en España, que ha conseguido tantos avances en las últimas décadas?

 

- Rotundamente sí. Hay una parte del sistema de lucha y de la moral de lucha que nunca paró. Sobre todo fue alrededor de las mujeres politizadas de la República: las que murieron, las que se exiliaron, las que enfermaron, las que fueron encerradas, las que no estuvieron en prisión… A su alrededor crece un núcleo que nunca cesa porque las mujeres en las cárceles siempre estuvieron organizadas y politizadas y haciendo lo que podían (y podían hacer muchas cosas). Esas mujeres cuando salían seguían siempre en la lucha desde la clandestinidad, de hecho entraban y salían de las cárceles.

 

Ese germen pudo conectarse con otro tipo de mujeres que no habían padecido directamente la represión pero que eran mujeres intelectuales y de las clases populares que habían accedido al mundo del trabajo o a la universidad. Entre unas y otras fueron creando núcleos, sobre todo a partir de los 60, de diverso tipo: de asociacionismo y de reivindicación. Todo ello confluye en los años 70, en el tardofranquismo y sobre todo en la transición, donde se junta un movimiento de base con un movimiento de mujeres jóvenes (que ya eran veteranas) que se mezclaron ocasionando una tremenda eclosión del feminismo a partir de mediados de los 70.

 

 

- Actualmente hay un sector reaccionario que ha irrumpido en las prácticas políticas del gobierno de España. ¿Cree que este sector tiene nostalgia por volver a un pasado en el que las mujeres eran subordinadas y recluidas al ámbito de lo privado?

 

- Creo que no. No hay una linealidad de un sector de mujeres que podría vivir de esa forma. Creo y espero que esa continuidad se haya roto. No creo que por muy tradicionales que se comporten las mujeres politizadas de la derecha, sean unas mujeres que lo que reivindiquen sea la vuelta al hogar. Otra cosa es que sí serían mujeres para quienes lo primero es el hogar y la familia, y nosotras en cuanto a sujetos individuales vamos después. No lo expresan así pero eso sí que puede que pase. No creo que ellas se vean de esa forma, aunque siempre es posible un doble discurso: “nosotras gestionamos esto pero luego las mujeres a casa”.

 

Sin embargo, el modelo de mujer pública que ellas sostienen creo que es un modelo con limitaciones. De ahí también viene el cómo ven el derecho al aborto (que no lo ven como un derecho básicamente) porque la mujer debe estar sometida y subordinada a la familia y la familia son los hijos. No hay una continuidad estricta del modelo del régimen franquista pero sí que hay matices importantes entre los modelos que se propugnan desde un sector y otro.

 

- ¿Qué lecciones para el futuro nos deja a las mujeres españolas el hecho de explorar nuestra memoria histórica?

 

- El pasado permite nuestro autoconocimiento y esa es la base para construir nuestro presente y nuestro futuro. ¿Adónde vamos sin pasado? Además también sirve para tratar de que no se rompa la línea genealógica entre las mujeres de antes y de después. Un sentimiento que hay, que es al fin y al cabo una realidad, es que desde la República hasta la represión franquista supone una discontinuidad tan grande entre el antes y el después de las mujeres, que realmente no se pudieron reconstruir los puentes entre esas generaciones y las siguientes. Esa fue una enorme pérdida y no sólo para las mujeres (pero desde luego para nosotras), a la hora de poder reconstruir y avanzar en las luchas, los movimientos y las reivindicaciones. Tratemos de que no siga sucediendo y por tanto consolidemos nuestra historia, porque sin ella, mal construimos el futuro.

 

 

 

 

RADIOGRAFÍA DE LAS MUJERES EN LA ÉPOCA DEL FRANQUISMO, G.A. – Feminicidio.net

 

 

 

 

Los estudios de la academia feminista resultan clave para comprender la dictadura franquista. No solo porque aportan una mirada de las mujeres como sujeto político, sino porque posibilitan interpretar los hechos de un pasado que está ahí, en nuestra memoria colectiva y que merece ser desmenuzado, analizado y resignificado.

 

"Mujeres bajo sospecha (Memoria y sexualidad, 1930-1980)", editado y compilado por Raquel Osborne, tiene una de esas particularidades que hacen que un libro despierte interés en ser leído: responde a un demanda de interpretes de nuestra época. Se publica en un momento en el que parece asomarse en España el fantasma de un pasado que nunca terminó de cicatrizar porque nunca se lo terminó de sacar a la luz ni de rendir cuentas con él. Ese abanico variado de ensayos -21 para ser exacta- y un recorrido de más de 400 páginas, nos permite elaborar un fresco sobre las sexualidades disidentes -lesbianas, liberales, adulteras, promiscuas...- y nos adentra en la política del silencio, punto de partida que toma Osborne y desde el que observa la memoria histórica de la sexualidad femenina bajo el franquismo.

 

La compilación cubre una minuciosa sistematización de investigaciones dispersas hasta ahora y dos aspectos la abarcan, la reconstrucción de la vida y el discurso de las mujeres que amaron a otras mujeres y su otra cara de la sexualidad femenina, la de aquellas a las que se les negaba cualquier posibilidad de deseo sexual fuera del matrimonio. Por otro lado, en esta sociología de la sexualidad desplegada, el estudio desengrana el funcionamiento de esas sexualidades no normativizadas y los modelos de la sexualidad femenina durante el régimen. Nos encontramos con las monjas, las lesbianas, las amas de casa, las prostitutas...la complejidad de roles femeninos y de reconstrucción de historias, como la de las lesbianas mayores de 80 años entrevistadas, que reconstruyen su vida oculta en la Barcelona de los 40 y los 50 del siglo pasado. También la persecución sufrida por las mujeres transexuales. O la ambientación y caracterización de la transexualidad masculina, por parte de una sujeto que rompió con todo lo impuesto sobre sexo y género.

 

En tres capítulos nos ofrece un análisis sobre el funcionamiento de la Sección Femenina de la Falange, modelo de propaganda de la “mujer precolonizada”. Y no faltan las presas que sufrieron una particular persecución y represión focalizada en su condición de género. Osborne, en su ensayo: “Los castigos a las mujeres (De la ecuación roja-degenerada al castigo maternal: el caso de Carlota O’Neill)", nos da una semblanza de la escritora republicana, paradigma de los tormentos que padecieron las mujeres víctimas del régimen y que vivieron la penuria de ser separadas de sus hijos y privadas de la patria potestad. En suma, se trata de un valioso retrato de las mujeres en la época del franquismo que no defraudará a quienes desean bucear en el tema desde la mirada feminista.

 

 OSBORNE, Raquel (2012), Mujeres bajo sospecha. Memoria y sexualidad (1930-1980), Editorial Fundamentos, Madrid.

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